Dos nuevas

El día de ayer fue especial por dos motivos. Primero, es la primera vez (no sé si en toda nuestra Historia, pero ciertamente sí desde 2003) que un presidente no asiste a un Te Deum en una fecha patria. Ya los Kirchner habían comenzado a desafiar las tradiciones al trasladar el Te Deum por el 25 de mayo de la catedral de Buenos Aires a varias iglesias del Interior —comenzaron por Santiago del Estero, donde por aquel entonces era obispo el hoy caído en desgracia Juan Carlos Maccarone— y ofendiendo a muchos referentes de la derecha (incluyendo, curiosamente, a Marquitos Aguinis, judío de nacimiento y posteriormente agnóstico). En aquel entonces recuerdo que Horacio Verbitsky afirmó desde varias de sus editoriales domingueras en Página/12 que la mejor solución era simplemente abolir el Te Deum como acto oficial, puesto que desde lo simbólico significa una sumisión del Estado a la Iglesia.

Ayer, si bien tengo entendido que el Te Deum se celebró con la presencia de varias autoridades, la presidenta CFK estuvo ausente, pues programó su vuelo para llegar a San Miguel de Tucumán justo al finalizar la ceremonia. Sabía que iba a escuchar, nuevamente, planteos en contra del proyecto de ley de matrimonio igualitario.

Pero la presidenta no solo se negó a escuchar sino que, además, habló. Su referencia fue un poco elíptica para mi gusto, pero al menos nadie la malinterpretó:

Hemos sido los que hemos restituido derechos que habían sido cercenados y tengo el orgullo de decir que, mientras esta fuerza política fue mayoría en el Parlamento (sic) Argentino, jamás se le cercenó o se le negó un trato igualitario a ningún ciudadano y mucho menos a las minorías. Tengo el orgullo de decir que cada vez que hemos sido mayoría, ha sido para dar igualdad, inclusión y respeto a las minorías.

Hay que decir que, pese a todo, fue un muy buen golpe de efecto que CFK eligiera el 9 de julio para pronunciarse por primera vez a favor del matrimonio gay, un tema sobre el cual ella había mantenido silencio de radio desde el principio y sobre el cual todos los obispos del país iban a hablar —si es que puede llamarse “hablar” a sus eructos homofóbicos del día de ayer—.

Clarín, como siempre, continúa con sus titulares de antología. CFK nunca es “La presidenta”, siempre es “Cristina”, y siempre es ella quien hace las ofensivas. ¿No se le ocurrió poner, por ejemplo, “Fuerte cruce de los obispos con Cristina”?

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