Vargas Llosa y la visión decadentista de la historia argentina

Si bien el título habla de Vargas Llosa, acá no vamos a hablar de Vargas Llosa, el genial escritor peruano, sino de Varguitas, el rosquero neoliberal —aunque prefiere definirse como “liberal” a secas— que pasó por nuestro país esta semana. Varguitas viene a ser algo así como el Mr. Hyde de ese Dr. Jeckyl, respetable y universalmente alabado, que es Vargas Llosa. Pero antes de continuar, es necesario aclarar cuál es mi relación con la literatura de Vargas Llosa. A los catorce leí dos novelas cortas suyas, Los cachorros y Los jefes; la primera no me gustó y la segunda sí. En tiempos más recientes leí La Fiesta del Chivo, que me pareció una historia espectacular, pese a que en un pasaje se asoma brevemente el feo hocico de Varguitas, cuando afirma al pasar que Juan Perón es un dictador, como Trujillo (el Chivo al que hace referencia el título). También leí una excelente introducción que él escribió a la última edición en castellano de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, en donde no solo hace un análisis muy penetrante de la obra desde el punto de vista literario sino que también relata el contexto histórico del libro, narrando el genocidio llevado a cabo en El Congo por el rey Leopoldo II de Bélgica (1835-1909). En resumen: no idolatro a Vargas Llosa, pero es un tipo al que vale la pena leer.

Ahora bien, pasando a Varguitas, su visita a la Argentina para hablar en la Feria del Libro generó controversia, pues como todos saben Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, escribió una carta a los organizadores del evento pidiéndoles que la ceremonia de inauguración no estuviera a cargo de él. La carta era extremadamente mesurada, diciendo con claridad:

No me mueve así ningún despecho ni deseo de limitar su voz —que no precisaba del Premio Nobel para ser justamente difundida—, al decirle que considero sumamente inoportuno el lugar que se le ha concedido para inaugurar una Feria que nunca dejó de ser un termómetro de la política y de las corrientes de ideas que abriga la sociedad argentina.

La reacción a la carta de González fue desproporcionada en todo sentido. Si uno se hubiera guiado por lo que decían los medios opositores, dicha carta equivalía a un escuadrón de Camisas Pardas irrumpiendo en el despacho del presidente de la Cámara del Libro y obligándolo a golpes a retirarle la invitación a Varguitas. Al final la presidenta CFK decidió cortar por lo sano, le pidió a González que retirara la carta y Varguitas vino tranquilamente a hacer turismo y dar su conferencia en la Feria del Libro, aunque sin inaugurarla (habló en el segundo día del evento). Tudo bem, tudo legal.

La conferencia fue un 60% de Vargas Llosa y un 40% de Varguitas. Es decir, un delicioso 60% dedicado a la literatura y un  40% de bajada de línea política. Y ese 40% fue mucho menos zarpado que lo que todxs esperábamos. Sin embargo, hay algo que no quisiera dejar pasar, que es su visión decadentista de la historia de nuestro país. El concepto de decadentismo lo usó el historiador Tulio Halperín Donghi al hablar de la corriente revisionista de la historiografía argentina. Para Halperín, los revisionistas eran decadentistas, en el sentido de que tomaban como punto de partida un “momento dorado” de la Historia argentina y construían su versión de los hechos basándose en la premisa de que desde ese momento el país había estado en una decadencia casi ininterrumpida. Para los revisionistas, en especial para uno de sus máximos exponentes, José María Rosa, el “momento dorado” había sido el período rosista (1829-1852), y desde la caída de Rosas el país había estado sometido al imperialismo —primero británico, luego estadounidense—, con algunos intervalos de gobiernos independientes, como el yrigoyenismo de 1916-1930 y el primer peronismo de 1943-1955.

Varguitas también narra la Historia argentina desde una perspectiva decadentista, pero para él el “momento dorado” no es de ningún modo el rosismo, sino el Centenario (1910). La Argentina del Centenario, afirma Varguitas, era un ejemplo para toda América Latina de crecimiento económico, de progreso, de vigor intelectual, etc. Y esa Argentina del Centenario se habría degradado a lo largo del siglo XX hasta llegar a la Argentina subdesarrollada de la actualidad. Varguitas tuvo buen cuidado de no identificar claramente qué factores, para él, son responsables de la decadencia argentina, pero como bien señala Mario Wainfeld en su columna de ayer, a la pregunta de “¿Cuándo se jodió la Argentina?”, Varguitas:

…se responde, valiéndose de elipsis, sin decirlo tampoco de este modo: cuando advinieron la democracia de masas, el sufragio universal, el Estado Benefactor.

Sorprende que alguien tan culto como Varguitas desconozca que la Argentina del Centenario era una caldera a punto de explotar. Las protestas obreras eran reprimidas sin excepción por las fuerzas de seguridad  y, si eran desbordadas, por las mismísimas FF.AA. Todas las movilizaciones terminaban con saldos de decenas de muertos a sablazos o balazos, incluyendo mujeres, niñxs y adolescentes. Ramón Falcón, jefe de la Policía Federal y responsable de muchísimos operativos de represión violenta en la ciudad de Buenos Aires, había sido asesinado por un anarquista en noviembre de 1909, y la agitación social fue tan grande que el gobierno de José Figueroa Alcorta declaró el estado de sitio y debió mantenerlo durante las celebraciones del Centenario, en mayo del año siguiente.

Si las condiciones de vida de la clase trabajadora eran malas en las grandes ciudades, en el Interior eran paupérrimas. En 1904 Juan Bialet Massé redactó un “Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas”; Bialet Massé no era un socialista ni un revolucionario, sino un científico español contratado por el gobierno conservador de Julio Roca para recorrer el país y registrar la situación de los trabajadores argentinos. El informe describe rigurosamente los bajos salarios, el maltrato de los patrones, las jornadas inhumanas de trabajo, el empleo de mujeres y de menores de edad para tareas pesadas, y también sus efectos sociales: altas tasas de desnutrición, mortalidad infantil, enfermedades, etc.

Tampoco hay que olvidar que los gobiernos de la época del Centenario eran cualquier cosa menos liberales, al menos desde lo político. El fraude electoral se practicaba de manera sistemática para garantizar la permanencia del oficialismo en el poder. Debido a que el sufragio era público y voluntario, los electores podían ser amedrentados para que votaran a los candidatos del Gobierno, o bien se les podía impedir el voto. Debido a esa situación, los radicales organizaron revoluciones en 1890, 1893 y 1905, pues no veían otro remedio más que la toma del poder por medio de la violencia. Recién con la ley Sáenz Peña de 1912 se terminó con el fraude, al establecer el voto universal, secreto y obligatorio.

En resumen, la visión idílica de la Argentina del Centenario que sostiene Varguitas es pura sanata. También lo era la visión idílica de la Argentina rosista de los revisionistas, pero al menos esa visión, por más errónea que fuera, era —en las décadas de 1930 y 1960, que es cuando el revisionismo experimentó su auge— novedosa. Los revisionistas fueron los primeros en contradecir a la historiografía liberal, que pintaba al rosismo como una tiranía sanguinaria y oprobiosa, y si bien lo hicieron de una forma poco científica, sentaron las bases para un estudio más maduro de ese período por parte de los historiadores de la generación posterior.

Varguitas, en cambio, es cualquier cosa menos novedoso en su análisis. Esta especie de decadentismo liberal que él manifiesta es apenas una variante un poquito más sofisticada de los planteos de “intelectuales” como Marcos Aguinis —que, por cierto, parece que anda medio mal de salud últimamente— y otros de su calaña que en 2008 intentaron formar una especie de Carta Abierta antikirchnerista, el Grupo Aurora, hoy prácticamente olvidado. No hay nada nuevo bajo el sol…

Anuncios
Entrada anterior
Entrada siguiente
Deja un comentario

1 comentario

  1. UN POST FANTÁSTICO!!!
    Pregunta: Qué medio estuvo cubriendo y tuvo como principal noticia que Vargas Llosa estaba en la feria?? Que medio mando un movil que mostraba no mas de 10 personas “que esperaban para ver que decia…”??
    jajajajajjaa

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: