Sacudiendo la estantería

Fernando Laborda es uno de los columnistas políticos más flojos que tiene el diario La Nación. Periodistas como Carlos Pagni y Jorge Fernández Díaz, para mí, son mucho más inteligentes y vale la pena leerlos, aún cuando uno no comulgue con sus ideas. Sin embargo hay que admitir que hoy dio en la tecla cuando escribió que:

Cristina Kirchner fue y sigue siendo un animal político, que convivió con la política desde joven y con la función pública desde hace 24 años, cuando su esposo accedió a la intendencia de Río Gallegos, hasta el día de hoy.

O sea, todo análisis del discurso de CFK en José C. Paz ayer debe partir de esta base: la presidenta no es una viuda frágil e imprevisible, sino una militante política experimentada. Como Néstor Kirchner —aunque espero que a un ritmo menos frenético y desgastante— ella vive para la política y la gestión. Así que hay que ignorar el factor humano acá: CFK tomará la decisión sobre su candidatura a la reelección —si es que no la ha tomado ya— considerando primordialmente los factores políticos y no los personales.

El discurso de CFK tuvo el efecto de poner a la defensiva a la CGT de Hugo Moyano, esa especie de hermano-enemigo del gobierno. El moyanismo ha estado operando fuertemente en los últimos tiempos para ocupar espacios de poder. Quieren lugares en las listas de candidatos a legisladores nacionales y bonaerenses, apoyan la precandidatura de Amado Boudou a jefe de Gobierno de la CABA e impulsaron la candidatura a vicepresidente de Héctor Recalde. Pero la gota que colmó el vaso fue el apoyo a la precandidatura de Sergio Massa a gobernador de la PBA. Massa no es visto con buenos ojos por CFK, a diferencia de Boudou. Que Moyano —que además de secretario general de la CGT es presidente del PJ bonaerense— salga a apoyar a Massa contra Daniel Scioli debe haber prendido todas las alarmas en la Casa Rosada.

Hay que profundizar un poco en el tema de la interna bonaerense. Actualmente el kirchnerismo tiene dos candidatos a gobernador que cuentan con el visto bueno de la presidenta. Uno es el gobernador Scioli, que se presenta dentro de la estructura formal del PJ-FpV y seguramente será reelecto. El otro es Martín Sabbatella, que se presenta por su propio partido, el EDE. Ambos candidatos a la gobernación llevarán a CFK en la boleta como su candidata a presidenta, y ambos le aportarán votos (es el famoso y tan denostado sistema de “colectoras”); Scioli, desde el peronismo más tradicional, Sabbatella, desde la centroizquierda. Massa, en cambio, no solo no aportaría muchos votos sino que compite con Scioli por la misma franja de votantes. CFK sabía bien esto, y por eso se rehusó a permitir una tercera colectora con Massa como candidato a gobernador. Massa no se dio por vencido, y enfrentará a Scioli en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) de agosto. El respaldo de Moyano a Massa es, en ese contexto, un desafío al armado de la presidenta en la PBA.

Aparte de dejar descolocados a los “amigos” de la CGT, esta insinuación de CFK en el sentido de que “no se muere por volver a ser presidenta” parece haber generado temor no solo entre sus simpatizantes sino entre muchos que no son precisamente oficialistas. Más de uno podrá putear a “la yegua”, pero silenciosamente esperan que gane en octubre, porque saben que un gobierno de la troupe opositora encabezada por Ricardito Alfonsín sería un fracaso estrepitoso. Es posible que el amague de bajarse de la candidatura haya apuntado a esa franja de votantes.

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