Crítica de Danza de Dragones (sin spoilers)

a-dance-with-dragons-295x450Me gustó mucho esta crítica de Danza de Dragones, el quinto libro de la maravillosamente adictiva saga de Canción de Hielo y Fuego, de G.R.R. Martin, así que decidí traducirla al castellano. Contiene spoilers de los primeros 4 libros de la saga, pero no del quinto libro (al menos ninguno que sea de gran importancia; sí menciona un par de cosas que ya se sabían o sospechaban), así que considero que quienes aún no lo hayan leído pueden verla sin peligro.

[ADVERTENCIA: POSIBLES SPOILERS A CONTINUACIÓN]

En más de un momento de Danza de Dragones, los personajes hablan sobre la naturaleza del poder. Uno de ellos sostiene un principio al cual la saga ha vuelto una y otra vez: un buen hombre puede ser un mal rey, y un mal hombre puede ser un buen rey. Otro habla sobre la diferencia entre ver la realeza como un privilegio a reclamar (por derecho de nacimiento o título), y verla como un deber que uno debe ganarse (por medio de trabajo duro y sufrimiento).

Si hay un tema en esta novela de mil páginas, que salta continuamente entre continentes, climas y personajes, es que sus personajes —niños y ancianos, nobles y bastardos, hombres y mujeres— están maniobrando con su poder, con lo que implica obtenerlo y cómo usarlo mejor.

Danza de Dragones es en cierto sentido media novela; como Martin luchaba con las múltiples tramas de su cuarta novela, decidió dividirla en dos, no cronológicamente sino por personajes: siguió a algunos de los personajes a través de cuyos puntos de vista él narra sus capítulos y dejó a otros para más tarde. El resultado fue el cuarto libro, Festín de Cuervos, que llevó a Canción de Hielo y Fuego a lugares extraños y oscuros, pero sufrió con la división. Nos hizo ocuparnos de personajes con los que no teníamos mucha cercanía —nos familiarizamos mucho, pero mucho, con Dorne y las Islas de Hierro— mientras algunos de nuestros personajes favoritos estuvieron “desaparecidos en acción” durante once largos años [el lapso que transcurrió entre la publicación de Tormenta de Espadas y el nuevo libro].

Danza de Dragones los trae de vuelta —el guerrero bastardo Jon Nieve, la reina dragón exiliada Daenerys Targaryen, el enano fugitivo Tyrion Lannister y el tullido y místico Bran Stark, entre otros— y casi desde el comienzo hace una intersección narrativa en relación con su libro compañero. Ambos, cada uno a su manera, lidian con la cuestión del poder.

Jon Nieve, ahora Lord Comandante de la Guardia de la Noche en el Muro, está esforzándose por liderar una fuerza diezmada en medio de una crisis migratoria —una oleada de refugiados salvajes que escapan de los Otros en el Norte—. Su de por sí ingrata labor se ve complicada por el hecho de servir bajo la vigilancia del Rey Stannis, pretendiente al Trono de Hierro, quien acampa junto con su ejército y su sacerdotisa/hechicera/Svengali Melisandre.

Dany, habiendo decidido que su deber es devolverle la paz a la conquistada ciudad de Meereen antes de reclamar su trono en Poniente, descubre que es difícil manejar a una elite resentida con ella por haber abolido la esclavitud (además de las belicosas ciudades-Estado vecinas) —por no mencionar el mantenimiento de tres dragones hambrientos—. Tyrion, habiendo escapado al Este después de matar a su padre Tywin, debe sobrevivir tan solo con su propio ingenio, habiendo perdido el apoyo de su acaudalada familia. Bran, entretanto, continua su travesía hacia el Norte (sin que lo sepa su hermanastro Jon en el Muro), viajando con el misterioso jinete Manosfrías en busca del “cuervo de tres ojos” que ha estado acosándolo en sus sueños desde la caída que lo dejó paralítico. Bran es tal vez físicamente el menos poderoso de los personajes de la saga, y sin embargo la aceptación de su poder interior —la habilidad de entrar en los cuerpos de otros “cambiando pieles”, y quizá más que eso— podría ser importante para la saga en el largo plazo.

Por supuesto, conociendo a Martin, hay más complicaciones y más jugadores que se agregan a lo largo del camino, uno de los cuales verdaderamente patea el tablero del sitrang en el que se ha convertido la lucha por el Trono de Hierro (por cierto, el juego parecido al ajedrez del sitrang se convierte en una figura recurrente en Danza de Dragones). Nos reencontramos con Theon Greyjoy, ahora el prisionero destrozado de Ramsay Bolton, quizá el personaje más sádico que Martin haya inventado, y eso es decir mucho. Una gran parte de Danza de Dragones se enfoca en Dany y en varios viajeros que convergen en Meereen con la esperanza de cortejarla a ella y/o a sus dragones —Tyrion, Victarion Greyjoy y un desafortunado príncipe dorniense, entre otros—, y la novela explota el exótico mundo de Essos, las Ciudades Libres y la Bahía de los Esclavos mucho más que los demás libros de la saga. El mundo de Canción de Hielo y Fuego se vuelve más barroco, exótico y (literalmente) mágico.

Martin ha dicho que en parte lo que retrasó tanto el libro fue “desatar el Nudo Meereeno” —es decir, si lo entiendo correctamente, hacer que la cronología y los personajes se combinen en varias tramas que converjan en Dany—. Y si los primeros capítulos de Meereen tienen alguna debilidad, es que parecen estar haciendo tiempo (y mostrando a una Dany más indecisa que de costumbre) para permitir que todas las piezas ocupen sus lugares. En tal caso, yo hubiera aceptado una explicación de tipo “Un mago lo hizo” para cualquier salto cronológico o problema de continuidad con tal de tener el libro dos años antes —pero en todo caso la historia se vuelve emocionante cuando la crisis de liderazgo de Dany la obliga a enfrentar su propia naturaleza—.

Los lectores de Martin se han acostumbrado a saber que ningún personaje está a salvo: al igual que en Los Sopranos, siempre hay especulaciones sobre “quién fue liquidado” [Who got whacked] cada vez que sale algún nuevo libro. Pero el compromiso de Martin con los riesgos de esta historia no es solo acerca de matar personajes —algunos mueren, por supuesto, aunque no diré quiénes— sino someterlos a cambios y sacrificios importantes. Hay una escena en especial en Danza de Dragones en donde no muere nadie, pero que es en cierto sentido un sacrificio mucho más terrible y trascendental, y es posiblemente el momento más impactante de todas las novelas de Canción de Hielo y Fuego publicadas hasta el momento (incluyendo aquellos asesinatos en los que seguramente estarán pensando).

Sugerí que Festín de Cuervos y Danza de Dragones son dos “mitades” de una novela larga; en realidad no es exactamente así. Son más bien como una novela larga y un tercio de otra, más o menos. Danza de Dragones finalmente se pone al tanto con el final de Festín de Cuervos, y en ese punto varios de los personajes principales regresan, incluyendo a Arya Stark, aprendiz de los Hombres Sin Rostro de Braavos; el ya mencionado Victarion; y la reina encarcelada Cersei Lannister en Desembarco del Rey (¿se acuerdan de Desembarco del Rey?).

Todo esto sugiere que será un gran desafío adaptarlo a la pantalla, suponiendo que la serie de HBO sobreviva hasta llegar a este punto de las novelas. Sería una locura adaptar casi 2.000 páginas de dos libros como una sola temporada, y sin embargo no hay una línea divisoria cronológicamente natural en el medio de la narración de la trama de cada personaje (es decir, se me ocurren muchas escenas finales potencialmente dramáticas y puntos en donde podría detenerse la narración, pero otras historias se detendrían inevitablemente a mitad de camino). Hará falta bastante creatividad de parte de David Benioff y D.B. Weiss para cortar a este Leviatán por la mitad (brevemente me pregunté si funcionaría dividir la serie en una temporada para Essos y otra para Poniente, pero tanto los fans como los ejecutivos de HBO y encargados del casting se rebelarían).

Pero dentro de toda esa profusión de palabras, hay un montón de deliciosos detalles en Danza de Dragones. Por ejemplo, profundiza mucho más que los demás libros de la saga en el tema de las variadas religiones de Poniente y Essos, y su poder temporal para bien y para mal. Cada religión refleja el carácter de su cultura. Ninguna religión parece ser la fe verdadera —hay espeluznantes demostraciones de poder de parte de varias de ellas—, ni tienen el monopolio de la virtud. En Poniente, por ejemplo, puede que ustedes hayan celebrado al ver al fanático Septon Supremo arrojar a Cersei al calabozo al final de Festín de Cuervos, pero en Danza de Dragones vemos la miserabilidad y la misoginia que afectan su opinión sobre ella (“Todas las mujeres son perversas”), más allá de los crímenes de los cuales es culpable.

Todo esto compone un libro de mil páginas que parece ser la mitad de largo, que avanza ágilmente, responde preguntas clave y nos asombra con ataques por sorpresa y cambios vertiginosos. Como en Festín de Cuervos, hay capítulos que podrían haber necesitado un editor. En algunos capítulos te encuentras repentinamente en una tierra desconocida junto a un personaje hacia el cual tienes muy poco apego, preguntándote adonde conducirá esta trama, como si te hubieras quedado demasiado tiempo en una fiesta después de que los amigos con los que viniste se marcharon.

Pero aún en esas digresiones Martin muestra su habilidad para encontrar humanidad y tragedia en sus personajes más periféricos. Así como nadie está a salvo en Canción de Hielo y Fuego, nadie sabe quién puede ser importante. En Danza de Dragones nos dicen que los dragones nunca dejan de crecer, y lo mismo pasa con el mundo de Martin; aún con mil páginas, Danza de Dragones es veloz, ágil y mortífera, y no fue hace tanto tiempo que la terminé deseando apenas unas cien páginas más.

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10 comentarios

  1. Desgraciadamente mi nivel de ingles es insuficiente para leer esta magnifica ( espero ) obra, solo deseo que la traduzcan pronto y que este al mismo nivel que las anteriores de la serie !

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  2. Rhaegar XD

     /  Domingo, diciembre 25, 2011

    Hablas de un, y cito: “Hay una escena en especial en Danza de Dragones en donde no muere nadie, pero que es en cierto sentido un sacrificio mucho más terrible y trascendental, y es posiblemente el momento más impactante de todas las novelas de Canción de Hielo y Fuego publicadas hasta el momento”… termine de leer el libro hace poco pero no puedo dar con esa escena, si, puedo pensar en muchos momentos que podrian ser al que te refieres pero… creo que no dormire tranquilo hasta saber exactamente de cual estas hablando.

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  3. Juan Manuel Pazos Entrena

     /  Martes, enero 17, 2012

    Bueno, esta obra es un tostón del quinientos. Es lenta lenta lenta. Y me parece todo un insulto que me vuelva a repetir hechos que ya han ocurrido, y que el 1º capítulo de Festín tal cual me lo vuelva a meter en el 1º capítulo de JON.
    La verdad es que la historia no avanza nada muy a pesar de que algunos reyes pasan a ser buenos y los buenos a ser malos. L aobra desilusiona por completo. Espero que las demás sean como las primeras.

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    • Christian

       /  Martes, julio 24, 2012

      You don’t know nothing, Jon Snow. Mas lento fué el cuarto libro y estuvo muy interesante. Este es mucho mas ágil que Festín. Es muy entretenido y que repitan el dialogo de Jon con Sam desde el punto de vista de Jon, por que eso no lo aclaraste, no molesta, de hecho me hubiera molestado mas que no este. ¿Cuanto mas queres que avance? Martin esta colocando las piezas para los últimos dos libros que serán geniales. Creo que la espera les produjo una expectativa muy grande, la culpa es suya por esperar que todos los libros sean como Tormenta. La historia avanza lo que tiene que avanzar y punto, el libro es genial y muy entretenido. Saludos.

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  4. A mí me ha parecido el mayor bluff en años.
    Advierto de posible spoiler en mi comentario, así que recomiendo no seguir leyendo a los que no sabéis nada del libro.
    Ya empezó a torcerse un poco en “Festín de cuervos” y seis años después (aunque el señor Martin prometió que sólo sería uno) nos viene con este mamotreto insulso en el que los personajes que tanto hemos echado de menos se diluyen como azucarillos en unas tramas cada vez más traídas por los pelos.
    Se habla en la crítica de las muertes en la saga. ¿Por qué no hablar de las penosas resurrecciones? En las mil páginas hay una cada doscientas páginas, más o menos. Martin abusa del efectismo. La reaparición de Gandalf nos causó a todos asombro y maravilla: ¿cuántos apostáis a que las muertes certificadas al final del volumen no van a convertirse a un “no, en realidad sólo está muerto en su mayoría” en el sexto de la saga?
    Y, lo peor, es que Martin transmite la sensación de que se ha aburrido de su historia y que no sabe cómo llevarla a su final (si es que sabe cómo terminarla). Hay capítulos de relleno, imperdonables en un libro tan grande (¿qué es si no el del ejercito que atraviesa el muro? (ahora pasa uno, ahora otro, ahora el de más allá, al que le sigue el que tenía detrás que precede… y así quince páginas)).
    La historia se estanca, Desembarco del Rey (y el Trono de Hierro) empiezan a parecer un lugar remoto y aburrido, los personajes deambulan aparentemente hacia ningún sitio, la única historia que mola (Reek) es abandonada a trescientas páginas del final del libro y se resuelve mal con un cuervo.
    Tenemos una aparición estelar, que a mí me parece un conejo sacado de una chistera (una vez más). Cuando llevas cerca de cuatro mil páginas de historia uno espera mucho más. Pero R.R. ha encontrado la gallina de los huevos de oro y con la excusa de la serie, ahora esperará otros cinco años (como poco) en sacar la próxima.
    Pero algo tengo que agradecerle en esta ocasión: me importa cero cuando decida publicarla.

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  5. Hola! Yo también he escrito una crítica de A dance with dragons en mi blog (en catalán), estoy muy deacuerdo con Ataulfo, un libro bastante decepcionante, quasi tan malo como el 4rto de la saga.

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  6. se saca a griff el joven de la manga!!!! el peor libro de la saga con diferencia

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