El juicio del Papa Formoso

El centécimo undécimo —o sea, el número 111— Papa de la Iglesia Católica se llamó Formoso. Se saben muy pocas cosas sobre su vida; se cree que nació alrededor de 816, pues un cronista de la época afirma que tenía ochenta años al morir. En 864 fue nombrado obispo de Porto por el Papa Nicolás I, y en 866 fue enviado en una misión diplomática en la corte del rey Borgoris de Bulgaria, con quien Formoso parece haber establecido excelentes relaciones; Borgoris solicitó tanto a Nicolás I como a su sucesor Adriano II que Formoso fuera designado arzobispo de Bulgaria, pero ambos Pontífices se rehusaron (no porque desearan perjudicar la carrera eclesiástica de Formoso, sino porque los cánones prohibían a un obispo abandonar su propia sede para hacerse con el gobierno de otra).

Posteriormente intervino en varios de los interminables conflictos entre los Carolingios y el Papado, que tenían por escenario Italia, Francia y Alemania. Debido a su rechazo a la coronación de Carlos II de Francia como emperador en 875, Formoso cayó en desgracia frente al Papa Juan VIII (872-882), quien llegó a excomulgarlo y deponerlo como obispo. Sin embargo, su sucesor, el Papa Marino (882-884), le devolvió su cargo. Tras los reinados de Adriano III (884-885) y Esteban V (885-891), Formoso logró ser elegido Papa.

Para ese entonces, Guido de Spoleto, un tataranieto de Carlomagno por línea femenina, había sido coronado rey de Italia y emperador. Si bien su poder real no se extendía más allá del norte de la península, el rey Guido mantenía un firme control sobre el Papado. Tras su muerte en 894 el trono pasó a su hijo menor de edad Lamberto, cuya madre Agiltrude se convirtió en regente. Aprovechando esta circunstancia, el rey alemán Arnulfo, otro tataranieto de Carlomagno, invadió Italia con la intención de apoderarse del trono. Agiltrude y Lamberto debieron escapar de Roma para refugiarse en Spoleto, mientras que Formoso, que había alentado secretamente la invasión, permaneció en la ciudad y coronó a Arnulfo emperador.

La campaña contra Agiltrude y Lamberto, sin embargo, no pudo completarse debido a una enfermedad repentina de Arnulfo; el propio Formoso falleció inesperadamente en abril de 896. Su sucesor, Bonifacio VI, también murió, apenas 15 días después de ser designado. El trono pontificio pasó entonces a Esteban VI, partidario de Agiltrude, lo cual permitió que la regente regresara a Roma.

Fue entonces que se produjo uno de los acontecimientos más insólitos en la historia del Papado: el juicio post-mortem de Formoso. Este juicio fue impulsado por Agiltrude, quien guardaba un gran rencor a Formoso por haber traicionado a su hijo y convenció a Esteban VI de realizar el procedimiento.

El cadáver de Formoso fue exhumado, vestido con sus ornamentos papales y sentado en un trono para “escuchar” las acusaciones, que fueron realizadas frente a un concilio apodado “el Concilio Cadavérico”; detrás del trono había un diácono que contestaba en su nombre. Algunos de los cargos contra Formoso se remontaban a los tiempos de Juan VIII, pero el principal fue el de haber dejado su sede de Porto para ser obispo de Roma (es decir, Papa).

Fue hallado culpable y su elección como Papa fue anulada. Todos los actos y ordenaciones de su reinado fueron dejados sin efecto. Le arrancaron al cadáver los tres dedos de la mano derecha que empleaba para impartir sus bendiciones, se lo despojó de las vestiduras papales y lo enterraron en el cementerio de extranjeros de Roma.En 897 el Papa Teodoro II rehabilitó a Formoso, y Juan IX convocó a dos concilios, en Rávena y en Roma, que prohibieron el juzgamiento de personas muertas. Sin embargo el Papa Sergio III (904-911) dio marcha atrás con las decisiones de Teodoro y Juan e inició un segundo juicio contra el cadáver, en el cual volvió a ser encontrado culpable y arrojado a las aguas del río Tíber. Los huesos terminaron enredados en la red de un pescador, que los mantuvo ocultos hasta el final del reinado de Sergio III, cuando fueron depositados en el Vaticano.

En 1464 el cardenal Pietro Barbo fue elegido Papa y quiso ser conocido como Formoso II (no tanto para homenajear a su lejano predecesor sino porque Formoso significa “hermoso” en latín, y el nuevo Pontífice se consideraba un hombre muy atractivo), pero los demás cardenales lo convencieron de adoptar el nombre de Pablo II.

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4 comentarios

  1. El rey Guido… por dios, soytan importante (?).

    Jjaja, muy buen post, sabia de la existencia de un papa llamado asi, pero no tenia ni idea de su historia, interesante 😀

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  2. Me acabo de acordar que el hecho nos lo habia contado brevemente mi profesora de historia hace dos años, me habia olvidado! Lo recorde por lo de los tres dedos y el anillo, es algo MUY interesante. 😀

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  1. El juicio del Papa Formoso. | Caminando entre magos y vampiros

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