La Iglesia y los fusilamientos de 1956

Hoy se dio la casualidad de que estaba releyendo La violencia evangélica, la segunda parte de la excelente “Historia política de la Iglesia Católica” de Horacio Verbitsky, que cubre el período 1955-1969, y horas después de detenerme en el pasaje en que hablaban de la actitud de la jerarquía católica ante la brutal represión del movimiento encabezado por Juan José Valle, que buscaba terminar con la dictadura de Pedro Aramburu y restablecer la democracia, me enteré gracias a Facebook que hoy se cumplen 56 años de ese alzamiento. Así que me pareció buena idea trascribir esos pasajes del libro:

La Iglesia Católica reaccionó ante la libertad con que se proyectaban las películas filmadas en países comunistas y el Arzobispado de Buenos Aires prohibió su proyección en “salas católicas”.1

En cambio el Episcopado guardó silencio en junio de 1956 cuando (…) el gobierno fusiló a Valle y a otros treinta y siete civiles y militares. Si alguien hubiera tenido conocimiento de la realidad nacional solo por la revista eclesiástica del Arzobispado de Buenos Aires, ni se hubiera enterado de la cruenta represión. (…)

No hubo repudios eclesiásticos ni condolencias por el tremendo castigo a Valle y sus compañeros, e incluso algunos obispos lo aprobaron. El flamante administrador apostólico porteño Fermín Lafitte visitó a Aramburu en la Casa de Gobierno.2 Su obispo auxiliar en Córdoba, Ramón J. Castellano, se reunió con el interventor federal para transmitirle “la solidaridad de la Iglesia en las dolorosas circunstancias del movimiento subversivo frustrado”.3 El arzobispo de La Plata, Antonio Plaza, participó de la “ceremonia patriótica” organizada frente al Departamento de Policía para agradecer la “ejemplar conducta” de sus tropas durante la sublevación.4 En Rosario [el obispo Antonio] Caggiano visitó al comandante del Cuerpo del Ejército, general José Rufino Brusa, en cuya sede aún había personas detenidas.5 Si fue a pedir clemencia, no lo hizo público ni se conocen documentos que lo indiquen. (…)

Desde Criterio Gustavo Franceschi admitió que en circunstancias excepcionales la pena de muerte podía resultar indispensable para mantener el orden. También la FUA, la Bolsa de Comercio, la Liga Argentina de Cultura Laica y el Partido Comunista de Mendoza apoyaron la represión del movimiento, pero ninguno de ellos reconoce el quinto Mandamiento como ley suprema.

Lafitte ni siquiera se privó de participar en la comida anual de camaradería de las Fuerzas Armadas, cuando no había terminado de secar la sangre de los fusilados. (…)

Son contados los grupos o personalidades católicos que condenaron los fusilamientos: la viuda de Lonardi, el semanario Azul y Blanco y la revista Comunidad, editada por una línea de izquierda de la Democracia Cristiana en la que militaban Guido di Tella, Floreal Forni y Gonzalo Cárdenas.

1 REABA, diciembre de 1955, sección oficial del Arzobispado de Buenos Aires, p. 38.

2 Diario La Capital, de Rosario, 12 de junio de 1956.

3 La Prensa, 14 de junio de 1956.

4 La Nación, 15 de junio de 1956.

5 La Nación, 13 de junio de 1956.

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