Crítica del episodio 6×01 de Mad Men

MM_602_MY_1107_1118Traducción de la crítica de Alan Sepinwall de “The Doorway” (“La puerta”), el primer episodio de la 6ª temporada de Mad Men.

[ADVERTENCIA: SPOILERS A CONTINUACIÓN]

“¿Qué son los eventos de la vida? Es como cuando uno ve una puerta. La primera vez que llegas a ella, dices ‘¿Qué hay al otro lado de la puerta?’ Entonces abres varias puertas y dices: ‘Creo que quiero cruzar el puente ahora. Estoy cansado de las puertas’. Y finalmente atraviesas una de esas cosas y te das cuenta de que son lo único que existe: puertas, y ventanas y puentes y entradas. Y todas se abren de la misma manera. Y todas se cierran a tus espaldas. Mira, se supone que la vida es un camino y uno lo recorre, y te pasan todas estas cosas, y se supone que te cambian, o cambian tu dirección. Pero resulta que que eso no es cierto. Resulta que las experiencias no son nada. Solamente son como monedas que uno recoge del suelo y se guarda en el bolsillo. Uno solamente está viajando sin escalas a Ya-Sabes-Dónde” — Roger Sterling.

“La puerta” deja claras sus intenciones mucho antes de que Roger le declame la tesis del episodio a su psicoanalista. Comenzamos viendo a quien luego se revela que es el vecino de Don, el doctor Rosen, haciendo maniobras de resucitación al portero Jonesy, trayéndolo de vuelta a la vida luego de estar muerto por unos segundos, una experiencia que Jonesy admite de mala gana que fue como ver una luz blanca. Pasamos de ver a Rosen en acción al estómago sudoroso de Megan, y el sonido de la voz de Don Draper —la única vez que lo escuchamos por varios minutos, ya que dice su primera línea de diálogo propiamente dicha en el bar del hotel— recitando el comienzo del “Infierno” de Dante.

Estas son historias de personas que experimentan la muerte sin realmente morir, lo cual siempre ha sido la historia del hombre que conocemos como Don Draper.

Dick Whitman fue a Corea, “murió” y comenzó una nueva vida. Atravesó una puerta y salió como otra persona, con otro nombre y otro futuro. Pero sin importar lo mucho que hayan cambiado sus circunstancias, hay cosas de sí mismo que él no puede cambiar. Al final del episodio, nos enteramos que ha estado teniendo un romance con la esposa de Rosen, Sylvia, lo cual solo ha servido para renovar el desprecio que siente hacia sí mismo por su promiscuidad. Cuando Sylvia le pregunta qué deseo tiene para el nuevo año, Don responde bruscamente: “Quiero dejar de hacer esto”.

Como el primer episodio de la 5ª temporada, “La puerta” tiene un momento claro de separación entre las horas —el momento en que el fotógrafo le dice “Quiero que seas tú mismo” a Don, un hombre para el cual esa sugerencia es mucho más complicada que para la mayoría—, pero parece ser más compacta que “Un besito” (no hay un equivalente al descubrimiento por parte de Lane de la billetera en el taxi). Todas las historias fluyen desde la primera hora hasta la segunda, y casi todas lidian con personajes que han atravesado puertas (al terminar 1967, el año en que The Doors se hicieron famosos), esperando salir como personas nuevas.

Pasamos mucho tiempo siguiendo a Peggy en su nuevo trabajo con Teddy Chaough, donde ya no se parece en nada a la chica tímida que era cuando entró por primera vez a la oficina de Don. Ella abandonó Sterling Cooper Draper Pryce como una mujer nueva, y vemos que esa mujer se ha convertido en la versión femenina de Don Draper. Tiene una relación más saludable con Abe —que parece haber aceptado tener una novia que es una “herramienta del establishment” y se adapta a su trabajo y sus exigencias— de la que Don tuvo con sus esposas, pero habla a sus subordinados exactamente de la misma manera en que lo hacía Don (“Si no puedes diferenciar entre una idea y la ejecución de una idea, no me sirves para nada”), los hace quedarse a trabajar a toda hora (como Don hizo con ella en “El maletín”) e incluso ha aprendido a tranquilizar a un cliente nervioso, así como dar nueva vida a una campaña publicitaria muerta. (*)

* Y cuando logra resucitar la publicidad de Koss, Ted reconoce su esfuerzo muchísimo más que Don. Hasta ahora, solo lo habíamos visto como un competidor irritante de SCDP, siempre tratando de superar a Don, pero en su breve aparición aquí él ya aparece como un personaje más agradable; incluso como alguien con quien podríamos desear que Peggy continúe trabajando, en lugar de un jefe temporal, mientras esperamos que ella regrese a su antigua agencia.

Megan tiene un nuevo papel en una telenovela, y un nuevo nombre. Cuando aparece en público, se le acercan desconocidos a saludarla como “Corinne”, no Megan, y Don solo puede quedarse mirándola y preguntándose con quién se casó realmente. Su éxito no ha puesto fin a su relación, pero él ha vuelto a su viejo hábito de engañar a su esposa, y nuevamente mira una proyección de diapositivas —en lo que parece ser un Carrusel de Kodak—, en las que aparecen fotografías de una vida de la cuál él se siente apenas un espectador.

Roger ha atravesado puerta tras puerta a lo largo de los años —una nueva esposa, una nueva agencia, un nuevo interés en las drogas psicodélicas y ahora un nuevo corte de cabello—, y siempre descubre que sigue siendo el mismo hombre. (Al igual que Jonesy, incluso tuvo su propia experiencia cercana a la muerte con su ataque cardíaco en la 1ª temporada, y rápidamente volvió a la bebida, el tabaco y las mujeres). Va a terapia, pero más que nada para pasar el tiempo —pese a la negativa del psicoanalista de reírse de las bromas de Roger—, y sugiere que la única transformación que podemos alcanzar en la vida es cuando la vida termina. Luego del velorio de su madre, intenta comunicarse con su hija Margaret, pero ella solo lo ve como una billetera abierta, porque así es como Roger se ha mostrado durante mucho tiempo.

Pero en el mundo de Mad Men, las personas son muy capaces de cambiar, al igual que la sociedad. Peggy es la prueba de lo primero, y la primera visita en la temporada de Don a la sala de los creativos es un recordatorio cómico de lo segundo. Al principio, en el bar hawaiano, PFC Dinkins le pregunta a Don si él es un astronauta; cuando se encuentra con su equipo de creativos, sigue con su traje y peinado impecables, mientras que ellos están en diferentes etapas del estilo desgarbado e informal de los ’60, parece exactamente como un astronauta, y Stan y Ginsberg parecen una nueva raza alienígena con la que se ha encontrado y que aún no puede comprender. (¿Se acuerdan cuando no era posible distinguir a simple vista a los creativos y a los ejecutivos de Sterling Cooper?) Cuando Betty está frente a la casa tomada de St. Mark’s Place y los hippies caminan a su lado, no podría parecerse más a una matrona; incluso sin tomar en cuenta su aumento de peso (del cual hablaré abajo), parece estar separada por décadas enteras, más que por unos pocos años, de la mujer que vimos acompañar a Don a Roma.

Y Betty ha cambiado, aunque no es de la manera en que le gustaría. Sigue esforzándose por bajar de peso, y sigue sintiendo una insatisfacción general con su vida, pero la familia Francis parece haber hallado cierto equilibrio; cuando el clan se sienta junto al árbol de Navidad para ver a la amiga de Sally, Sandy, tocar el violín, hay una sensación de felicidad y paz que hemos visto raramente en las dos familias de Betty.

Luego del velorio, Roger le da a Margaret una de las reliquias familiares más preciadas: un frasco con agua del río Jordán que su padre le regaló a su madre. Es un intento de conservar algo muy real y sagrado, pero décadas más tarde, solo es agua en un frasco para Margaret, que ni siquiera se molesta en llevárselo con ella. Más tarde, Roger recibe el equipo para limpiar zapatos del difunto Giorgio; un hombre por el cual nadie se preocupaba lo suficiente como para averiguar por qué había dejado de ir al trabajo (y no es que Roger se preocupara mucho por él, excepto por la limpieza de sus zapatos), de la misma manera en que Roger teme ser instantáneamente olvidado cuando atraviese la puerta final. Y solo es cuando sostiene en sus manos el cepillo para zapatos —en un gran momento de actuación por parte de John Slattery— que Roger finalmente llora, mientras piensa en todo lo que le queda por perder.

Incluso los hippies que Betty encuentra en su búsqueda de Sandy están buscando alguna clase de autenticidad que, en cierta forma, tampoco es real. Intentan hacer goulash de la misma manera en que la madre de Danny lo cocinaba —con Betty ocupando el rol de madre del grupo por unas horas—, pero con los pobres resultados disponibles para ellos en un aguantadero sin electricidad ni agua corriente. Betty no encuentra a Sandy, y al final deja el violín —el símbolo del talento que Betty envidia, pero también de la vida que Sandy ha abandonado—, pero la experiencia (y el comentario hostil del jefe de los hippies sobre su cabello) la inspiran a teñirse de negro, que no es su color natural, pero parece mucho más real. (Y considerando sus problemas de peso, la comparación que hace Henry con Liz Taylor parece más apropiada en 1967 que las habituales referencias a Grace Kelly).

Sandy abandona ese violín para cumplir en parte su deseo de escapar de la vida en la que cree que Betty está atrapada. Cuando se jacta por primera vez ante Betty de las cosas que vio en St. Mark’s, dice que “Los chicos están simplemente viviendo, y es hermoso”. Está buscando —quizá con ingenuidad, quizá no— una versión de la vida que le parece diferente de la que ha venido experimentando, y a medida que los personajes transitan por “La puerta”, hay varios talismanes de autenticidad —con significados diferentes para personas diferentes—, y varias situaciones en donde lo que es real y lo que parece real puede ser confundido fácilmente.

Vemos por ejemplo a Don y Megan disfrutando un festín en el Royal Hawaiian, donde el conserje les explica que la comida es idéntica a la que les servirían en un festín hawaiano real; los Draper han viajado al paraíso para tener una recreación del paraíso. Más tarde, Don entra a su oficina y descubre que han cambiado de lugar los muebles, porque el fotógrafo cree que se ve mejor así, y le piden que “haga lo que siempre hace”. Don está en su oficina, pero no es exactamente su oficina, haciendo cosas que lo hemos visto hacer antes (encender un cigarrillo, inclinarse sobre su escritorio), pero todo es falso.

Don intenta recordar qué es real y qué no lo es a través del encendedor que consiguió en Corea, que no solo es un recordatorio del intercambio de identidades sino su motivo, pues al caerse de sus manos (**) causó el incendio que mató al verdadero Don. Cuando se da cuenta que intercambió accidentalmente su encendedor con PFC Dinkins —un hombre que había dicho que deseaba tomar la identidad de Don algún día y que probablemente termine muriendo en Vietnam—, le hace perder la compostura. El velorio de la madre de alguien nunca sería su evento preferido al que asistir, dado lo que sabemos sobre la infancia de Dick Whitman, pero tener que ir luego de descubrir lo del encendedor lo hace colapsar por completo.

** ¿O el encendedor que ha tenido todos estos años le pertenecía al verdadero Draper? He vuelto a ver la secuencia de la explosión del episodio 1×12 muchas veces, y si bien es el encendedor de Dick el que causa el fuego, no está claro quién se lo queda al final; solo vemos a Dick tomar las placas identificadoras del verdadero Don. El encendedor de Dinkins tenía su nombre impreso en él, pero ¿el de Don lo tenía?

Si bien Don ha vuelto a engañar a su esposa, no parece haber recuperado todo su talento. Cuando Stan le pide una idea preliminar para empezar a diseñar la campaña del Royal Hawaiian, Don admite: “No puedo expresarlo en palabras”, y cuando les explica a dos de sus nuevos creativos qué es lo que quiere que hagan con la campaña del producto de limpieza, solo sirve para desconcertarlos. (Aunque al menos dice el discurso sobre Eros con convicción, así que puede ser que, como los subordinados de Peggy, ellos aún no estén a su nivel). La campaña que diseña para Sheraton termina transmitiendo una idea equivocada, evocando involuntariamente a la muerte, al mismo tiempo que hace referencia a los temas del episodio y a los habituales conflictos de Don Draper. Es un anuncio que tiene sentido para Don, pero que significa la muerte para cualquier persona sin sus experiencias únicas. Dick Whitman cambió de piel y se convirtió en Don Draper, pero para el pequeño mundo que lo conoció, Dick Whitman murió. ¿Puede uno cambiar sin morir? Roger Sterling parece pensar que no, pero Peggy y otros sugieren que es posible.

A medida que analizamos el cambio, y a muerte, a lo largo de “La puerta”, también vemos que Don ha comenzado a admirar al Dr. Rosen (o al menos, sentir una tremenda culpa por ponerle los cuernos a un hombre cuyo trabajo es mucho más importante que lo que Don hace para ganarse la vida). Como un hombre que experimentó la muerte sin morir verdaderamente, Don pregunta qué significa para Rosen tener la vida de alguien en sus manos, y lo observa —parado en el umbral de una puerta— con silencioso asombro cuando se va en esquí en medio de una tormenta de nieve para realizar una cirugía de emergencia en Nochevieja. La imagen de un hombre esquiando por las calles de Manhattan es hermosa y nostálgica, y le da un apropiado cierre al recorrido de Don a lo largo de “La puerta”. Comienza en medio del calor hipnótico del paraíso, leyendo el “Infierno”, y termina en una gélida noche neoyorquina, frustrado por hallarse congelado en el mismo comportamiento una y otra vez. En general, es un gran comienzo para la 6ª temporada. Algunas de las escenas de Betty con los hippies se sintieron raras, de la manera en que suele ser Mad Men cuando abandona el círculo social habitual de sus personajes; si bien es obvio que investigaron en profundidad para recrear el comportamiento, el diálogo y la atmósfera (como también ocurría con los amigos beatniks de Midge y con Paul y los seguidores de Hare Krishna), a menudo se siente apenas como una aproximación, muy cercana, a la realidad, algo parecido al “banquete hawaiano” o a la oficina con los muebles reorganizados de Don. Sin embargo, el resto del episodio fue muy preciso, conmovedor y bello al mejor estilo de Mad Men. (Además, aún cuando el Pesaj ya ha terminado, debo decir Dayenú por haber podido ver a Peggy brillando en su nuevo trabajo). Estoy muy feliz de que la serie haya regresado, y de poder escribir sobre ella esta semana, y durante los próximos 11 episodios.

Otras observaciones:

  • La 5ª temporada terminó en abril de 1967, y la 6ª comienza alrededor de Navidad del mismo año. Este es uno de los intervalos más cortos entre temporadas que la serie haya tenido (el que separa la 2ª y la 3ª es el más breve, creo). Significa que la serie se ha salteado el “Verano del Amor” (al cual varios personajes hacen referencia en sus diálogos), pero ha llegado justo a tiempo para la locura total que fue 1968: los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King, los distrubios, la Ofensiva Tet, la Convención Nacional Demócrata del ’68, etc. El corto intervalo también significa que hay un motivo aparte del sadismo de los guionistas para que Betty continúe con sobrepeso. Si bien una mujer de la edad de January Jones (y con esto no quiero decir que Jones haya estado alguna vez tan obesa como Betty) podría perder un montón de peso en ese tiempo gracias a las dietas y el ejercicio modernos, no había personal trainers a los que Betty pudiera acudir en los ’60; incluso trotar recién estaba empezando a ser aceptado como una actividad para no-atletas en esos tiempos.
  • Ese segundo Super Bowl terminó siendo una competencia despareja entre los Packers (que vencieron a los Cowboys en el legendario Ice Bowl del 31 de diciembre de 1967) y los Raiders. El Super Bowl aún no era el monstruo mediático en el que se convirtió más tarde, pero encontré informes de la época que decían que la NBC y la CBS cobraron precios de publicidad más altos que para el resto de los juegos de campeonato. Así que el anuncio de Koss era importante, aún cuando todavía no habíamos llegado a la era en que la gente mira el juego solamente por los comerciales.
  • Pese a la muerte de Lane, la agencia sigue llamándose Sterling Cooper Draper Pryce, como podemos ver en las puertas cuando Don entra con Bob Benson, el descarado chupamedias de Cuentas. (Por cierto, noté que Bob insiste en que compró los dos cafés para sí mismo, y en cuestión de minutos le da uno a Don y el otro a Pete).
  • Otro detalle interesante es que una de las campañas en las que la gente de Don está trabajando es para un limpiador de hornos de Dow. Parece que el bizarro discurso de Don en el episodio 5×11 logró ganarse al suegro de Ken.
  • Sally ahora se dirige a su madre como “Betty”, y le cierra con calma la puerta en la cara cuando está hablando por teléfono, lo cual es fantástico. (Y, considerando hasta dónde llega la rebeldía de los adolescentes, bastante moderado).
  • Otra señal de que Betty ya no es la misma: hace un tiempo, reaccionó con disgusto al darse cuenta de lo rápidamente que Don podía inventar una mentira, mientras que ahora ella es la que sorprende a Sandy con la rapidez con la que inventa una historia para ocultar el hecho de que no la han aceptado en Juilliard.
  • Hay varios actores conocidos en este episodio, la mayoría de los cuales espero volver a ver esta temporada: Linda Cardellini como Sylvia, James Wolk como Bob Benson, el veterano actor canadiense Brian Markinson (que inevitablemente tiene papeles en cualquier serie filmada en Vancouver) como el Dr. Rosen, y Ray Abruzzo (Little Carmine en Los Sopranos) como el portero Jonesy.
  • Más sobre el elenco: sonreí cuando vi el nombre de Kevin Rahm (Teddy Chaough) en los créditos del comienzo como un miembro del elenco estable (junto con Ben Feldman, que interpreta a Ginsberg), pues eso era un indicio claro de que pasaremos mucho tiempo viendo el nuevo trabajo de Peggy. Y debido a que esa oficina necesita más empleados, Michael Gaston vuelve a su papel de Burt Peterson, que fue brevemente jefe de Cuentas en la vieja Sterling Cooper; reemplazó a Duck luego del final de la 2ª temporada y fue despedido por los británicos en el primer episodio de la 3ª temporada.
  • “Está en la habitación de al lado. ¿Por qué no vas a violarla? Yo le sujetaré los brazos”. A veces no sé si Weiner quiere que Betty nos escandalice o tan solo no comprende a su personaje. De cualquier modo, eso no fue gracioso, Betty.
  • Muchos espectadores se han preguntado quién era “la chica del violín”. En pocas palabras: es solamente una amiga de Sally, a quien nunca hemos visto antes y que pasa mucho tiempo con la familia Francis porque su madre murió recientemente. No es la manera más elegante de establecer una historia.
  • Joan solo aparece en una escena —y es al menos llamativo que no asista al velorio, considerando su historia con Roger (su hijo acaba de perder a una de sus abuelas)—, pero es una escena notable, no tanto por lo que se dice como por lo que no se dice. Joan está ocupada posando en la elegante nueva escalera de SCDP mientras que Harry pasa a su lado, frustrado por la interrupción de su jornada laboral (y también, sospecho, porque Joan ahora es una socia de la agencia y le toman una foto mientras que él, el todopoderoso jefe del Departamento de Televisión, no tiene esos privilegios). Es una silenciosa y apropiada referencia a la historia de Joan y Harry en el episodio 2×08, cuando era evidente para todos excepto para sus jefes en Sterling Cooper que Joan era mejor haciendo el trabajo de Harry que el propio Harry.
  • Me reí por un momento cuando pensé que la pregunta de Ken sobre la situación de la madre anciana y senil de Pete era un favor de los guionistas para los fanáticos más obsesionados con los detalles de Mad Men. Pero, por supuesto, estaba preparando las cosas para la posterior pregunta sobre la mamá de Don, lo cual era lo último que necesitaba oír un Don increíblemente borracho en ese día, con ese humor y en esa condición física. (Roger sobre el vómito de Don: “Solo dijo lo que todos los demás estaban pensando”).
  • Otro toque de atención a los detalles de Mad Men: cuando Peggy intenta hablar con Teddy en su retiro espiritual con su esposa, es interrogada sobre por qué, teniendo el apellido Olson, ella es católica, lo cual es una pregunta que muchos fans se hacen frecuentemente pese a que la serie ya lo ha explicado en el pasado.
  • Peggy y Joan jamás se convirtieron en las mejores amigas que habíamos esperado que fueran, pero es apropiado que Stan y ella sean más cercanos ahora que ya no trabajan juntos. Él aprendió a respetarla, ella ya no tiene que lidiar con su pereza y su pérdida de tiempo, y ambos saben lo que significa trabajar para Don Draper. Verlos compartir una larga llamada telefónica nocturna me enterneció, lo admito. Y Stan puede que se haya convertido en el segundo personaje más divertido de la serie (intencionalmente, claro) después de Roger; cuando Don le pregunta si el anuncio del Royal Hawaiian lo había hecho pensar en el suicidio, Stan replica:”Por supuesto. ¡Por eso es tan genial!” Es un tipo al que no le importa nada, y eso lo hace tan gracioso.
  • Cultura pop ayer y hoy: Megan se sorprende cuando le dicen que la gente de Minnesota puede ver su telenovela “To Have and To Hold”.
  • PFC Dinkins escucha que los hombres casados tienen mejores posibilidades de sobrevivir al combate, pero Don sabe que eso no es cierto, pues el verdadero Don murió estando casado con Anna.
  • Hablando de Anna, recordé la costumbre de Don de enviarle libros por correo cuando supimos que fue Sylvia la que le regaló su edición del “Infierno”.
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1 comentario

  1. Fernanda

     /  Viernes, abril 19, 2013

    Es el regreso más esperado, simplemente no me cansó de ver a los famosos publicistas de Madison Avenue, cada temporada de Mad Men 6 me ha fascinado es una serie que va más allá de un grupo e publicistas bien vestidos, más allá del sexo , nuestra una realidad que muchos vivieron en los años 60.

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