Anécdotas sobre Borges

Borges x SabatLa ideología política de Borges siempre fue —intencionalmente— confusa. En la década del ’60 se afilió al moribundo Partido Conservador, en algunas entrevistas se definió como anarquista y hacia fines de los ’70 tuvo un amable almuerzo con Videla y elogió a Pinochet. Pero una constante durante toda su vida fue su aversión hacia el peronismo. Su íntimo amigo y colega Adolfo Bioy Casares escribió en tiempos de la Revolución Libertadora: “Con Borges decimos que no se puede ser peronista sin ser canalla o idiota o las dos cosas. Desde luego no basta con ser antiperonista para ser buena persona, pero basta ser peronista para ser una mala persona”. Años después, su opinión sobre el peronismo era menos destemplada, y dijo su célebre frase: “Los peronistas no son ni buenos ni malos: son incorregibles”.

En sus últimos años, cuando ya había perdido la vista, Borges solía pasearse por la ciudad de Buenos Aires pidiendo a otros transeuntes que lo ayudaran a cruzar la calle. En una ocasión, un muchacho de poco más de veinte años le dijo, luego de llegar a la otra vereda:

—Yo soy peronista, ¿sabe?

A lo que Borges replicó, sin inmutarse:

—No se preocupe, joven: yo también soy ciego.

***

Borges se definió como anarquista en una entrevista de la revista Siete Días, en 1973, en la que le preguntaron qué tipo de Estado desearía, a lo que él contestó:

—Un Estado mínimo, que no se notara. Viví en Suiza cinco años y allí nadie sabía cómo se llama el presidente.

—La abolición del Estado que usted propone tiene mucho que ver con el anarquismo —comentó el entrevistador.

—Sí, exacto, el anarquismo de Spencer, por ejemplo. Pero no sé si somos lo bastante civilizados como para llegar a eso.

—¿Piensa seriamente que tal Estado es factible?

—Por supuesto. Eso sí, es cuestión de esperar doscientos o trescientos años.

—¿Y mientras tanto?

—Mientras tanto, jodernos.

***

En 1977 Borges escribió un cuento que apareció publicado en el diario La Nación, llamado “24 de agosto de 1983”, en el que se imaginaba suicidándose en esa precisa fecha, el día de su 84° cumpleaños. A medida que se acercaba la fecha en cuestión, apareció mucha gente preocupada por el posible suicidio del autor. Borges entonces comentó:

—¿Qué hago? ¿Me comporto como un caballero y convierto en realidad esa ficción para no defraudar a esa gente? ¿O me hago el distraído y dejo pasar las cosas?

***

La formidable madre de Borges, Leonor Acevedo, murió en 1975, a los 99 años de edad. Un invitado al velorio, al darle el pésame a Borges, le dijo que era una pena que no hubiera podido llegar a los cien años. Y entonces Borges le contestó:

—Me parece que usted exagera los encantos del sistema decimal.

***

En un viaje que estaba haciendo por Escocia, alguien le dijo a Borges que cerca de Lichfield se conservaba una pequeña capilla del siglo IX, abandonada desde hacía mucho tiempo. Hacía mucho frío y había nevado toda la noche, pero Borges se obstinó en ir a visitarla. El escritor entró en la vetusta capillita de no más de 5 metros cuadrados y allí recitó el Padrenuestro en anglosajón. Al regresar al auto, explicó:

—Lo hice para darle una sorpresa a Dios.

***

En su época como director de la Biblioteca Nacional, Borges y un acompañante esperaban con impaciencia el ascensor. Después de un largo rato, le propuso a la persona que estaba con él:

—¿No prefiere que subamos por la escalera, que ya está totalmente inventada?

***

Luis, su sobrino, anunció su casamiento, y al poco tiempo sufrió un fuerte resfrío que lo obligó a guardar cama. Borges comentó:

—Será una estratagema para no casarse… Qué raro, elegir la inmovilidad como una forma de fuga.

***

Así como a Borges le desagradaba el peronismo, tampoco le gustaba mucho el fútbol, al que alguna vez definió como “veintidós tipos que corren atrás de una pelota”. En una ocasión, narró lo siguiente:

—Cierta vez me preguntaron qué cuadro prefería, y yo pensé que se referían a telas o a óleos, y les expliqué que como no veía bien, la pintura no me interesaba demasiado. Pero parece que se referían a cuadros de fútbol. Entonces les dije que no entendía absolutamente nada de fútbol. Ellos contestaron que, ya que estábamos en ese barrio, San Juan y Boedo, yo tenía que decir que era de San Lorenzo de Almagro. Me aprendí de memoria esa contestación, y cuando me preguntaban yo decía que era de San Lorenzo de Almagro. Pero pronto noté que San Lorenzo casi nunca ganaba. Entonces hablé con ellos y me dijeron que eso no tenía importancia, que lo de ganar o perder era secundario (en lo que tenían razón), pero que San Lorenzo era el que jugaba un fútbol más “científico”. Al parecer, no ganaban, pero lo hacían metódicamente.

***

En una ocasión, Bioy Casares, que padecía de miopía, se quejó:

—Qué incómodo esto de no ver sin anteojos.

A lo que Borges, rápido de reflejos, contestó:

—Qué incómodo esto de no ver con anteojos.

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