Crítica del episodio 3×05 de Game of Thrones (para novatos)

676668-got1Traducción de la crítica de Alan Sepinwall de “Kissed by fire” (“Besada por el fuego”), el 5° episodio de la 3ª temporada de Game of Thrones. El artículo NO contiene spoilers de los libros de Canción de Hielo y Fuego, porque su autor no los ha leído, así que aquellos que tampoco hayan leído las novelas o aún no hayan terminado de leer Tormenta de Espadas pueden leerlo sin spoilearse.

[ADVERTENCIA: SPOILERS DEL EPISODIO 3×05 A CONTINUACIÓN]

“Jaime. Mi nombre es Jaime.” ― Jaime Lannister

“Besada por el fuego” no tiene nada que sea tan asombroso como cuando Dany tomó el control de los Inmaculados y aplastó a los esclavistas de Astapor ―aunque el duelo fogoso entre Beric y el Perro con el que comienza el episodio es espléndido―, pero en muchas maneras, creo que es un episodio de Game of Thrones aún mejor. Por lo menos, podemos decir que hace un mejor trabajo que otros episodios anteriores para demostrar cómo el material puede funcionar en una hora semanal de televisión.

El episodio, escrito por Bryan Cogman y dirigido por Alex Graves, recorre el número habitual de localidades y personajes (*), pero las escenas fluyen juntas de manera más prolija de lo habitual, y cada lugar se siente más conectado al lugar visto anteriormente, en lugar de ser un tour al azar de Poniente y Essos.

* Robb, Catelyn, Stannis, Davos, Jon Nieve e Ygritte están entre aquellos que regresan después de haber estado ausentes la semana pasada, mientras que no vemos, entre otros, a Joffrey, Theon, Bronn, Melisandre, Bran, Sam y, por supuesto, Hodor.

Gran parte de ese éxito es simplemente estructural. Viajamos de una historia a otra un poco más frecuentemente de lo normal; si bien las paradas individuales en cada lugar son más cortas de lo habitual, cuando volvemos a ver lo que están haciendo Arya, o Jaime y Brienne, o Tyrion, todo se siente como parte de una misma imagen, en vez de ser una escena por aquí, y luego otra escena no relacionada por allá, y otra, y otra, etc. Y las transiciones entre las secuencias parecen haber sido más meditadas: la manera en que pasamos de ver a la Hermandad discutiendo al Señor de la Luz alrededor de su fogata a ver a la esposa de Stannis, Selyse, rezándole al mismo dios frente a su propio fuego, o la manera en que pasamos de la hija de Stannis enseñándole a Davos a leer el nombre de Aegon Targaryen a Daenerys Targaryen liderando a su impresionante nuevo ejército a través de los desiertos de Essos. Benioff y Weiss han hablado acerca de cómo a veces tienen que quitar escenas de un episodio y ponerlas en otro; haya pasado esto aquí o no, parece que se reflexionó seriamente en cuanto a cómo cada pieza individual se ajusta de la manera necesaria para hacer una hora de la serie, en vez de simplemente asegurarse que todo esté listo a tiempo.

Y si bien Benioff ha dicho que “los temas son para las tareas de la escuela primaria”, y no para los episodios de esta serie, “Besada por el fuego” fue una hora en la que se sintió como si las diferentes historias tuvieran temas en común; que estábamos viendo estas historias en particular no solo porque tengan lugar aproximadamente al mismo tiempo en los libros, sino porque Jaime, Jon Nieve, Robb y tantos otros están lidiando con diferentes versiones de la misma pregunta: ¿a qué juramentos y qué principios debo ser leal?

En la magnífica escena del comienzo, Beric y el Perro tienen un duelo a muerte, acompañado de una espada (¿mágica?) en llamas que, por supuesto, altera a nuestra víctima de quemaduras favorita de todo Poniente. El objetivo es ver si el Señor de la Luz considera a Clegane culpable de sus crímenes, y al ganar —y matar brevemente a Beric antes que Thoros le rece a su dios para que resucite al líder—, el Perro gana su libertad, para indignación de Arya. Así de profundo es su compromiso espiritual; y dado lo que vemos que le pasa a Beric, ¿podemos culparlos? Y dados los poderes que Melisandre ha demostrado poseer al servicio del Señor de la Luz, ¿podemos culpar a la esposa de Stannis por declarar que su infidelidad con la mujer roja está bien porque “Ningún acto cometido al servicio del Señor de la Luz puede ser un pecado”? Esta no es una fe ligada a una deidad largamente ausente, sino a un ser aparentemente responsable de señales y maravillas a lo largo y a lo ancho del continente.

Las escenas de Stannis —incluyendo una visita a su dulce y desfigurada hija Shireen— también cumplen mejor su función que las anteriores de la serie (al menos desde la escena en que Stannis narró el sitio de Bastión de Tormentas) de darnos una idea de quién es Stannis aparte del líder rígido y el fanático religioso. Cuando vemos que Selyse conserva los fetos de sus hijos en frascos de su dormitorio, y la escuchamos sugerir que ver a su hija sería una distracción terrible, tenemos una pista de la clase de horrores personales que este hombre ha tenido que soportar, y por qué puede que haya estado tan dispuesto a seguir a la carismática pelirroja y su poderoso dios. (Y sin embargo, la humanización de Stannis tiene sus límites, pues le dice a Shireen que se olvide del traidor Davos, aún cuando parece ser uno de los pocos amigos que ella tiene.)

Este fue un episodio muy bueno para varios personajes que la serie ha tenido problemas para hacer interesantes o para humanizar en el pasado. Jon Nieve ha sido una parte tediosa de la serie durante más de una temporada, pero sus escenas con Ygritte esta noche se destacaron, y no solo porque ella lo convenció de romper su voto de castidad en un spa una cueva convenientemente ubicada. (**) Está claro que Jon aún se siente indeciso, pues les miente a la gente de Mance acerca de cuántos hombres hay en el Castillo Negro —una mentira que podría hacer que lo maten, a menos que resulte ser mucho más astuto de lo que ha sido hasta este momento—, pero su comportamiento luego de hacer el amor con Ygritte sugiere que es un hombre más que dispuesto a librarse de al menos algunas de las obligaciones que le impuso la Guardia de la Noche.

** Fue muy bueno cambiar el sentido del “No sabes nada, Jon Nieve”, al hacer que Ygritte lo diga justo antes que Jon demuestre lo mucho que sabe en esa área en particular. Él no es Podrick, pero no está mal.

Jaime se ha convertido en un personaje mucho más complejo desde que lo vimos por primera vez, lanzando a un niño por la ventana para proteger su secreto incestuoso, pero casi siempre se presentó a sí mismo como un hombre arrogante y cruel, y la historia de su apodo siempre sugirió que poseía una especie de frío pragmatismo: Jaime vio hacia dónde soplaban los vientos de la rebelión y actuó aprovechando la primera oportunidad que se le presentó. Pero, como le revela a Brienne —en una escena sobresaliente tanto para Nicolaj Coster-Waldau como para Gwendoline Christie—, fue una decisión más difícil para él, y más compasiva. Jaime fue leal a ese monstruo loco, porque había prestado un juramento, pero no podía permitir que Aerys quemara la ciudad y a sus habitantes. Fue un acto desinteresado, que lo dejó con un apodo que él preferiría dejar atrás.

La confesión de Jaime tiene dos momentos simétricos, en las escenas del nuevo ejército de Dany. Primero, tenemos a Barristan Selmy hablando acerca de la lealtad absoluta que le dio a varios reyes terribles porque es lo que juró hacer. (Probablemente Barristan haya tenido muchas oportunidades de matar a Aerys y ni siquiera consideró aprovecharlas). Segundo, tenemos a Gusano Gris, el recién elegido líder de los Inmaculados, que preferiría conservar su nuevo nombre (que tenía cuando Dany lo liberó) en vez de retornar al viejo (que tenía cuando fue esclavizado).

El episodio incluso permite hacerle justicia al rey del Norte, que ha sido otro de los personajes más chatos de la serie, al mostrarnos lo seriamente que se toma sus propios principios, ejecutando a Lord Karstark aún cuando sabe qué le ocurrirá a su ejército si lo hace. Robb no desconoce el precio de esto; solo que cree demasiado fervientemente en las lecciones de su padre como para hacer otra cosa. Pero justo cuando me estaba preparando para maldecir al “estúpido Robb Stark”, a él se le ocurre la muy astuta idea de atacar Roca Casterly, y se da cuenta que la única manera de lograrlo es de alguna manera hacer las paces con Walder Frey. ¿Tiene las dotes diplomáticas necesarias para lograrlo? Nada de lo que hayamos visto antes sugiere que las tenga, pero esperemos que sea más brillante que Jon Nieve y Theon.

Es un episodio lleno de personas aceptando o rechazando nuevas situaciones, ya sea Gusano Gris y su nombre, el nuevo trabajo de Gendry con la Hermandad (y Arya comprendiendo que nuevamente es una rehén), o la hija de Stannis enseñándole a Davos a leer. Y, en la escena final, Tywin sugiere una nueva posición muy interesante, aunque incómoda, para Tyrion: ser el esposo de Sansa. Sansa cree que su elección es entre el Caballero de las Flores y Meñique (***), pero la elección parece que le será arrebatada, en un arreglo que sería desagradable para ambas partes. Tyrion es un buen hombre, pero no es lo que Sansa quiere. Y él no quiere casarse con una niña, mucho menos una cuya camarera es su verdadera amante. No deseo que esos personajes deban atravesar un triángulo amoroso de esas características, pero como televidente no puedo evitar sentir interés por ver cómo lidian con ello.

*** Debido a que Cersei acude directamente a Meñique para conseguir su información (haciendo que Meñique, a su vez, utilice a uno de sus prostitutos para seducir a Loras y obtenerla), Tywin y ella solo ven los potenciales motivos de los Tyrell para buscar ese matrimonio, pero no se dan cuenta que el propio Meñique planeaba apoderarse de Sansa y el Norte. La traición de los Tyrell pasa a un segundo teniendo esa información.

Así que, aún sin una rebelión a gran escala involucrando a dragones que lanzan llamas y un ejército de esclavos liberados y furiosos, “Besada por el fuego” fue un episodio muy satisfactorio, y uno de los mejores ejemplos de la serie de cómo el material original puede ser convertido en una serie de TV que funciona bien como tal. Excelente trabajo de todos.

Otras reflexiones:

  • Los créditos del comienzo ahora se saltean Astapor para pasar a la ciudad vecina de Yunkai, hacia la cual probablemente el ejército de Dany esté marchando. Ella necesitará un montón de naves para llevar a todos los Inmaculados a Poniente. Además, parece que el mapa se ha vuelto más detallado en esta temporada, ya que a veces tenemos pantallazos de otras localidades (por ejemplo, cierta clase de pueblo o complejo entre Aguasdulces e Invernalia) que probablemente será identificado más adelante.
  • Matemáticas ponientis: Olenna + Tyrion = victoria. Lo que fue especialmente delicioso de esa escena es la manera en que la vieja dama domina por completo al Gnomo, que normalmente al menos tiene la posibilidad de decir un par de frases ingeniosas, incluso cuando Tywin o alguien más lo está venciendo en una discusión. Verlo quedarse mudo a medida que ella comienza a enumerar las cifras de hombres y provisiones que los Tyrell donaron a la causa fue maravilloso. Ojalá veamos más escenas de ellos juntos, ahora que él arruinará de mala gana sus planes con Sansa.
  • La última vez que vimos a Melisandre, dijo que necesitaba la sangre de un rey para hacer funcionar su magia, pero no necesariamente la del propio Stannis. ¿Se refería a su hija? ¿A los fetos de los frascos? ¿Acaso un Baratheon bastardo como Gendry sería apropiado? No importa quién sea, tengo un mal presentimiento sobre esto (y no solo porque crea que alguien debe seguir enseñándole el alfabeto a Davos).
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