Crítica del episodio 6×07 de Mad Men

Sally+Bobby6x07Traducción de la crítica de Alan Sepinwall de “The Crash” (“El choque”), el séptimo episodio de la 6ª temporada de Mad Men.

[ADVERTENCIA: SPOILERS A CONTINUACIÓN]

“¿Dónde aprendiste eso?” — Don.

“Mi madre. ¡No! ¡Mi primera novia!” — Ken.

OK, ya lo entendí. Quiero que me escuchen, porque esto es importante. Hay un hombre, y nació y creció en un prostíbulo, y tiene sentimientos complicados acerca de las mujeres, y las madres, y las prostitutas, y las esposas, y la libertad, y su propia identidad, y es remoto y frío y duro pero también está vacío y es vulnerable e infantil, y está ansioso porque llegue la próxima idea para llenarlo y permitirle estar al mando —parecer al mando— por unos momentos, para que nadie sepa lo asustado y perdido que está, ¿entienden? Y este hombre sigue buscando algo que lo haga feliz, y nada lo logra durante demasiado tiempo, porque, como le dijo la mujer más sabia con la que él se haya acostado en su vida, a él solo le gustan los comienzos de las cosas, y los comienzos solo duran por un tiempo, así que se casó con otra mujer y fue feliz por un tiempo hasta que dejó de serlo y no podía abandonarla, así que decidió realizar otro matrimonio impulsivo entre su agencia y una agencia rival, y eso lo hizo feliz durante unos cinco minutos, hasta que se dio cuenta que de hecho tenía que trabajar con esa gente, y algunos de ellos eran mejores que él en ese trabajo que ya ni siquiera lo satisface de todas formas. Y lo más parecido que tiene a una amiga lo ha descartado por alguien más, y además está ocupada vendando heridas y rechazando besos pero aceptando halagos a su culo y también es la única que puede darse cuenta de la basura en la que está desperdiciando su fin de semana debido a la inyección que le pusieron en su propio culo, y ¿por qué, por qué, por qué Sylvia no quiere hablar con él, y quién es esta mujer negra que está en su departamento afirmando ser su madre y asustando a sus hijos, y si ellos supieran algo sobre él, habría pasado esto en primer lugar, y por qué le tomó tanto tiempo amarlos, de todas formas? ¿Y por qué hay anuncios de Kia junto a ese joven creativo de Cutler Gleason & Chaough, y Joan está promocionando a Johnny Walker, y los siete modos de teletransportación del siglo XXI que Jon Hamm nos está vendiendo al mismo tiempo?

¿Y cómo puedo explicarles todo esto si la tecnología disponible no me permite ir a cada una de sus casas u oficinas para hacerlo mientras bailo? Dado que no puedo hacer eso, quiero que imaginen todo ese párrafo siendo leído en voz alta por Ken Cosgrove:

giOntbyMiren, puedo intentar escribir toda esta crítica como si acabara de recibir una inyección del elixir mágico del doctor de Jim Cutler, puedo tratar de analizar los muchos temas del episodio relacionados con la maternidad, o simplemente puedo discutir si el estilo surrealista de “El choque” funcionó. Y si bien todas las locuras potenciadas por el speed de la oficina, las interpretaciones llamativas y ruidosas y la edición elíptica hicieron interesante a este episodio de Mad Men, no sé si fue un episodio bueno.

Uno de mis episodios favoritos de la temporada pasada fue “Lugares lejanos”, que utilizó el viaje de LSD de Roger como inspiración para una estructura que volvía deliberadamente difuso el paso y la secuencia del tiempo. Lidió con un tópico habitual de fines de los ’60 de una manera que pareció honesta, natural y no muy artificiosa. La estructura y el estilo del episodio llamaban la atención, pero se relacionaban claramente con lo que el episodio intentaba contarnos sobre la situación de las vidas de Don, Roger y Peggy en aquel momento en el tiempo, y cómo sus pasados estaban vinculados con sus presentes. Fue un episodio donde casi cada escena parecía formar parte de un viaje lisérgico, y sin embargo al mismo tiempo todas podían funcionar como escenas normales de Mad Men.

“El choque”, por su parte, fue tan desquiciado que comencé a preguntarme si todos y cada uno de los personajes –y tal vez nosotros, los espectadores– habían recibido una inyección del doctor Hecht. Todo era bizarro: los personajes hablaban más fuerte y más rápido de lo normal, corrían carreras por la oficina, Ken bailaba tap mientras recitaba un poema improvisado llamado “Es mi trabajo”, Don perdía la noción del tiempo (*), Sally se despertaba para encontrar a una desaliñada mujer negra que revolvía las cosas de su padre y afirmaba ser su abuela, Betty nuevamente estaba delgada y rubia sin que nadie hiciera ningún comentario, y los métodos creativos habituales de Don Draper desembocaban en un montón de frases sin sentido que al final no eran ni siquiera acerca del producto, sino sobre Sylvia Rosen.

* No es la primera vez que Don pierde la noción del tiempo en la serie, y el momento más notable fue durante su abismo de ebriedad en la 4ª temporada, lo cual hizo que esta vez se sintiera tanto como algo que ocurre frecuentemente cuando Don está bajo la influencia de alguna sustancia, y como algo no relacionado específicamente a los efectos de la droga mágica.

Ahora bien, muchas de estas cosas fueron memorables, y muchas fueron divertidas —incluso antes que Ken empezara a bailar y cantar, tuvimos a Don levantando la voz y preguntándose si debía ser “dominante o sumiso” (teniendo en su mente los juegos con Sylvia de la semana pasada)—, pero muchas de ellas parecían ser una parodia: “Esto es Mad Men. Esto es Mad Men drogado. ¿Alguna pregunta?” Aprecié la manera en que Matt Weiner y su coguionista Jason Grote usaron las drogas para revelarnos la insania del proceso creativo de Don —es genial cuando desemboca en “Es una máquina del tiempo”, no tanto cuando él está obsesionado con un comercial de avena que le recuerda a la prostituta que lo desvirgó y que él cree equivocadamente que es la clave para recuperar a Sylvia—, pero es un tipo de juego en el que resulta muy difícil para un programa tan serio (incluso si a veces tiene espacio para el humor) incurrir a lo largo de una hora sin resultados desparejos. Cuando vi “Lugares lejanos”, me sentí atrapado por las tres historias, incluso mientras estaba impresionado (y, a veces, divertido) por la técnica narrativa en sí; mientras veía “El choque”, era muy consciente de que estaba presenciando un episodio muy especial (y extraño) de Mad Men, hasta el mismo momento en que Don recitó en voz alta la lección moral del episodio con su última línea dirigida a Cutler y Chaough.

Y la verdad es que entiendo a qué apuntaban Weiner, Grote & cía. con esto. “El choque” es una serie de historias acerca de lo que pasa cuando los padres descuidan a sus hijos o están por completo ausente, y el daño que resulta de ello. Don nunca conoció a su madre, y tuvo que depender de una serie de sustitutas mal preparadas —¿qué diferencia hace una impostora más, incluso si ella solo buscaba robarle sus joyas?— para convertirse en el hombre que es ahora, y todo el fiasco en la agencia se reduce a que una figura paterna (Ted) está ausente mientras que la otra (Cutler) demuestra poco criterio al ocuparse de las personas que tiene a cargo, de la misma manera en que los hijos de Don corren peligro porque Megan y él no están en casa. (Incluso Peggy, que puede funcionar como una especie de figura materna para todos los hombres-niños con los que debe trabajar, no hace demasiado para prevenir el caos que la rodea, y no impide que la hija de Frank Gleason tenga relaciones sexuales con Stan a poco de haber perdido a su padre.)

En ese contexto, y con un personaje principal como Don —cuya psique dañada está definida por las circunstancias de su nacimiento y el abuso emocional que le siguió—, puedo valorar la idea de un episodio donde la mayoría de los personajes se convierten en niños hiperactivos, y nuestro héroe está atrapado por flashbacks que muestran la confusión entre afecto materno y sexo que él siempre ha padecido. (La prostituta Aimée es una sustituta de la madre que Dick Whitman jamás pudo conocer, y luego le presta el mismo servicio que él supone que su madre le prestó a muchos otros hombres tristes y solitarios.)

Mi problema es que la ejecución fue demasiado elaborada, y en última instancia tan extraña que me distrajo de todo lo que el episodio tenía para decir sobre Don, las madres, los padres, Chevy o la forma en que, como dice Don en una de las partes más coherentes de su discurso a Peggy y Ginsberg, la Historia nos une a todos. Fue un episodio memorablemente extraño de Mad Men, pero uno del que yo imagino que solamente recordaré las partes raras; la forma, y no el fondo. Por muy divertido que pueda ser ver a Ken bailar tap, o a Ginsberg casi mutilar a Stan, o a Bobby intentando comprender a la “abuela Ida”, esos deberían ser los entremeses de un episodio de Mad Men; no deberían dejar una impresión más profunda que el plato principal.

Tampoco ayuda que gran parte del episodio fuera otra “Aventura del Joven Dick Whitman”, lo cual nunca ha sido un área donde la serie se destaque. Las escenas en el prostíbulo parecían más cargadas de significado de lo que es habitual para la serie, y muy confusas por el hecho de que siempre usan al mismo actor para interpretar al joven Dick, incluso cuando los flashbacks de esta temporada aparentemente tienen lugar no mucho después de la muerte de Archie, que fue mostrada en un episodio de hace 4 años.

La ventaja de que Mad Men ingrese en la mitad más célebre de la década de 1960 es que Weiner y sus aigos tienen una mayor cantidad de temas con que trabajar, y una gama más amplia y brillante de colores en la palestra. Entre las desventajas podemos mencionar la mayor familiaridad con esa era (es difícil contar historias que no tengan clisés) y la manera en que esos colores brillantes atraen demasiada atención sobre sí mismos. La mayor parte del tiempo la serie ha hecho un trabajo realmente impresionante al llevarnos de la era más discreta de Stering Cooper a este período donde Joan pasa tiempo en The Electric Circus y Don recibe una inyección de una versión ficticia del doctor Robert de los Beatles. Incluso cuando la música y la moda se vuelven más llamativas y familiares, Mad Men sigue siendo Mad Men. Pero es más difícil lograr eso ahora que en 1962, y “El choque” fue un ejemplo de lo que puede pasar cuando la serie tiene una gran idea y no sabe ejecutarla a la perfección.

Habiendo transcurrido dos episodios, el matrimonio impulsivo entre SCDP y CGC no está funcionando de la manera en que Don o Ted imaginaban en ese bar de Detroit. Cuando el episodio terminó, luego que Don anunciara que ya no trabajaría activamente en la campaña de Chevy, la expresión de mi rostro no era muy diferente a la de Jim y Ted: una que se preguntaba “¿Qué acaba de suceder aquí?”

A veces, en una serie de TV —incluyendo esta— esa puede ser una sensación maravillosa al final de un episodio. Otras veces, sin embargo, es una señal de que el episodio no tuvo el impacto que pretendía tener.

Otras reflexiones:

  • La idea del padre y el hijo sobre la cual se basaban todas las propuestas de campaña para Chevy podría haber llegado a ser algo interesante si el equipo creativo no hubiera estado drogado. Pero la presentación del cronograma de Chevy por parte de Ken al comienzo del episodio comienza a indicar los problemas que la agencia tendrá tratando de vender el auto que se convertirá en el Vega.
  • El primo fallecido de Stan asistió previamente a la fiesta de Don y Megan en el primer episodio de la temporada pasada, y tuvo que escuchar un sermón antibélico de Abe que desembocó en una referencia a Johnny Got His Gun, a lo cual el primo replicó: “Pensé que habría chicas aquí”. Su muerte hizo que, por segunda vez en la temporada, uno de los compañeros de trabajo de Peggy la besara en la oficina, si bien su relación con Stan ha evolucionado hasta convertirse en, como ella dice, una especie de hermandad más que una tensión sexual como la que tuvieron brevemente en su striptease en el hotel, en la 4ª temporada. Esa escena fue una de las más simples, y fuertes, del episodio. Stan está bajo la influencia de la droga, pero Peggy solo está un poco achispada, por lo que se trató de una conversación genuina entre dos personajes con una historia en común.
  • QEPD, Frank Gleason. Si bien apareció en el doble de episodios que el primo de Stan, solo dejó una impresión un poquito más memorable. La escena en que Peggy y Mathis discuten sobre si Gleason era un buen tipo o alguien detestable hubiera sido más interesante de haber tenido más que un par de escenas con el hombre para sacar nuestras propias conclusiones.
  • No sé si volveremos a ver a Sylvia luego de este episodio, pero Linda Cardellini interpretó esa última escena en el ascensor con suficiente ambigüedad como para que pareciera tanto que sentía alivio de que Don no intentara volver a suplicarle, como intriga de que se mostrara tan frío. De todas formas, fue una impresión mucho mejor que la que le hubiera causado si hubiera llegado a ir a su departamento la noche anterior.
  • La nueva agencia aún no tiene nombre, pues el doctor le hace un comentario a Don sobre la sopa de letras que resultaría de simplemente combinar los nombres de todos los socios.
  • No pude captar ninguna referencia temporal, pero los episodios de Mad Men suelen tener lugar aproximadamente un mes luego del anterior. Eso haría que este episodio transcurra unos tres meses desde que vimos a Betty por última vez (en “La inundación”), durante los cuales ella volvió a tener el pelo rubio y perdió casi todo el peso que había ganado recientemente. No ha vuelto a la figura que tenía en “Souvenir”, pero es evidente que ha estado haciendo un esfuerzo mayor (¿quizá con la ayuda de algunas inyecciones de su propio doctor?) para quitarse de encima los kilos de más ahora que la campaña de Henry la pondrá de nuevo en el foco de atención. Imagino que January Jones estará aliviada de no tener que usar todas esas prótesis, aunque lo lamento por el escritor de la cuenta de Twitter @FatBettyFrancis.
  • Christina Hendricks tiene una semana de descanso —como debe ser, pues Joan no permitiría tales locuras en su oficina—, mientras que Vincent Kartheiser tiene su aparición anual de menos de un minuto en pantalla.
  • Poemas citados durante la tormenta de ideas en la sala de los creativos: “Annabel Lee”, de Poe (“Yo era un niño y ella era una niña”) y “Mi Corazón Salta”, de Wordsworth (“El niño es el padre del hombre”).
  • Cultura popular de los ’60 en exhibición: Sally lee El bebé de Rosemary.
  • Entre las canciones del episodio están: “Going Out of My Head” de Sergio Mendes, cuando Don se apoya contra la puerta del servicio del departamento de los Rosen, “Dream a Little Dream” en la radio del prostíbulo junto antes que Aimée desvirgue a Dick, y “Words of Love” de The Mamas and the Papas en los créditos del final.
Anuncios
Deja un comentario

3 comentarios

  1. Como te comenté antes, el capítulo anterior me dejó con muchas dudas con respecto al que ahora sé es mi personaje “favorito” ( si puedo llamar favorito a uno que sólo he visto dos veces en dos capítulos completos y en pedacitos sueltos en otros tantos). Con este capítulo, “The Crash”, siento que ya sé por dónde va la cosa con Don y eso me gustó del capitulo.

    Vi todo lo que menciona Alan, pero a diferencia de él, después de todo el “silencio” que he visto en los dos capítulos completos y los pedacitos sueltos, para mí fue bienvenido. Y es que creo que la “locura” que se presentó en el capítulo es más acorde al “sexo, drogas y rock & roll” que asocio con la época y sobre todo, al nombre de la serie. ¡Por fin los ví como “locos” y no solamente como “desesperados” por una línea brillante!.

    Otro personaje que me encantó fue la hija de Don. Cuando le pidió disculpas a su padre por “haberse comportado como una mocosa tonta” (o algo así) y él le dijo: “Yo dejé la puerta abierta, es mí culpa” y ella le responde con un simple, pero muy significativo “Gracias”, me enamoré de esa pareja. ¡HERMOSO!. Creo que hasta la fecha Don ha sido un padre “descuidado”, más que por quererlo, por necesitar todas las cosas en su vida que menciona Alan para sentirse “vivo”. En ese sentido, es un poco diferente de Lord Tywin Lannister (sorry por meterlo en la conversa :D), cuya forma de ver una relación familiar es servir de escudo, protección y soporte a los suyos y no así mismo pero no pude dejar de compararlos y me encantó la comparación, valga la redundancia. De hecho, soñé con que en algún momento de la saga de Got, algo así pudiera suceder entre Lord Tywin y Tyrion (pese a que el primero esté “muerto”, pero, igual ya sabemos que los muertos no siempre se quedan en sus tumbas y regresan tan “vívidos” en forma de sueños – como el de Joanna con Jaime – como de “otras formas”) y creo que llegará, toda vez que Tyrion está probando el “caldo” que durante toda su vida le quitó su padre de la mesa para ponerle en frente una digna de un Lannister.

    Volviendo al capítulo. El resto del “caos” sólo me sirvió para mirar con el ceño fruncido a la cuerda de “creativos” y ver como esto hacía resaltar a Don. En serio, no sé como sobrevivió la publicidad a esa “lluvia de ideas” a no ser que tomemos en cuenta la Magistral declaración final de Don acerca de lo que la “historia en común es lo que une a las personas”. Ahora entiendo lo que antes ustedes comentaron (Tito y tú) sobre las “frases” de Don en la serie.

    Agradezco a Alan el “baño de cultura popular” al informarme (a través de tí) que la “lluvia de ideas” forma parte de poemas. ¡JAMAS LO HUBIERA PENSADO!. En cuanto a lo del libro: No sé porqué el ver a la niña, leyendo solita, de noche “El bebé de Rosmary” me erizó la piel. ¡Cool!. :D.

    Ps. Creo que en vez de “silencioso” podría usar la palabra “serio”, porque creo que es la impresión que me dio antes y según entiendo es la impresión general que tiene Alan de la serie y por eso fue un shock el capítulo de The Crash para él. Seguramente estoy equivocada :D, pero lo que si es cierto es que me gusta el “caos” de la agencia y no así tanta “seriedad”.

    Responder
    • Edité tu comentario para cambiar los “Stan” por “Alan”. Recuerda que el autor de la crítica es Alan y Stan es uno de los personajes de la serie 😀

      Responder
  2. ¡Gracias!. 😀 ¡Que tonta!. jejejeje

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: