Análisis del episodio 3×08 de Game of Thrones (para veteranos y novatos)

Tyrion ep3x08

Traducción del análisis de “Segundos Hijos”, el octavo episodio de la 3ª temporada de Game of Thrones, por Linda Antonsson y Elio García, administradores de Westeros.org. El actual artículo no contiene spoilers de Tormenta de Espadas —aunque sí compara a menudo al libro y la temporada—, así que pueden leerlo tanto novatos como veteranos.

[ADVERTENCIA: SPOILERS DEL EPISODIO 3×08 A CONTINUACIÓN]

“Segundos Hijos”, escrito por Benioff y Weiss, y el segundo en ser dirigido por Michelle MacLaren, fue un episodio muy bienvenido por varios motivos. Los últimos dos episodios fueron relativamente tranquilos y tuvieron sus problemas, que hemos debatido a fondo, pero luego de esa mala racha está claro que los productores están ahora están encaminándose hacia la conclusión de la temporada. Este no fue un episodio con mucha “acción”, pero estuvo lleno de decisiones irrevocables, tanto por parte de personajes establecidos desde el comienzo como de uno nuevo. Algunos han intentado desestimar las críticas a “El ascenso” y “El oso y la doncella” sobre la base de que la gente solo quiere escenas de lucha, pero la verdad es que los televidentes por lo general buscan un sentido de evolución.  Hizo falta que yo leyera Film Critic Hulk para darme cuenta que se trata de una cuestión de actos: toda historia (y Game of Thrones es una historia compuesta de un número de sub-historias) puede ser dividida en actos, y cada uno se cierra con algo que sucede que es irrevocable y a partir del cual es imposible dar vuelta atrás.

Esto puede tomar muchas formas, pero al final, un nuevo acto llega cuando la situación del acto anterior ya no existe; la trama y/o los personajes han avanzado de manera fundamental. En Hamlet, de Shakespeare, por ejemplo, el primer acto concluye cuando el fantasma del padre de Hamlet aparece para revelarle que fue asesinado y ordenarle a Hamlet que vengue su muerte; este conocimiento no puede ser olvidado, y pone a Hamlet en un camino hacia la venganza. En cada paso del recorrido, uno o más personajes se comprometen cometiendo acciones irrevocables o recibiendo información que los impulsará a cometerlos. El último par de episodios mayormente eludió los compromisos de los personajes —lo más cerca que llegamos a esas elecciones irrevocables fue con la escena del oso y la de Arya cayendo accidentalmente en manos de Sandor, por ejemplo—, y en vez de eso parecía más interesado en expandir las relaciones entre ellos sin hacerlos avanzar en ninguna dirección. La falta de compromiso era evidente en esos episodios, así como la sensación de que la mayoría de las historias estaban repitiendo los mismos patrones de una manera similar a lo que vimos la temporada pasada, cuando personajes como Arya o Jon Nieve tenían que repetir escenas que ya habían hecho antes, ganando tiempo hasta que los productores estuvieran listos para seguir adelante.

Pero Benioff y Weiss han decidido avanzar por fin, y para bien. Un motivo por el cual este episodio funciona bien es simplemente que algunas historias son salteadas —no aparecen Jon, Bran, Catelyn, Robb o Theon— y el centro de la acción está en Desembarco del Rey y Yunkai, con interludios en el norte del Muro con Samwell y en Rocadragón. La cohesión de la historia siempre ha sido un problema para la serie, al tener que adaptar una saga tan amplia y en expansión, pero este episodio logró superar el problema. No obstante esto no quiere decir que, como adaptación, el episodio sea impecable, dado que ciertas tendencias parecen confirmarse. ¿Como cuáles? El esfuerzo significativo y deliberado para mejorar la fortaleza moral de Tyrion Lannister, y al mismo tiempo darle a Sansa una actitud (un poco) más colaboradora en un matrimonio que ella no deseaba. Hemos notado previamente cómo el Tyrion de la serie se ha mostrado mucho más reticente a casarse con Sansa que el personaje de la novela, cuyas ambiciones y lujuria superaron sus intenciones virtuosas, y eso continúa aquí, pues Tyrion se emborracha mucho más, debido al desagrado por lo que está haciendo, que el personaje original de Martin. De una manera similar, la furia de Sansa ante el matrimonio es dirigida, en cierta medida, a Tyrion, pero eso desaparece cuando ella se muestra dispuesta a arrodillarse para que le ponga la capa matrimonial, mientras que el personaje original no está dispuesta a arrodillarse y Tyrion necesita usar un banco (parándose sobre Dontos Hollard, el caballero a quien Joffrey convirtió en su bufón y que no ha aparecido esta temporada) para llegar a ella. Parecen detalles menores, pero lo cierto es que los guionistas han usado muchos de estos detalles para crear un Tyrion más claramente “bueno” esta temporada.

Uno podría especular si el motivo fue una creencia de que el público podría no alentar a un personaje con una moral ambivalente (l0 cual parece improbable, tomando en cuenta la popularidad de personajes como Tony Soprano, Al Swearengen, Don Draper y Walter White), o quizá que planean crear un contraste más adelante, cuando sus acciones sean más extremas (aunque eso haría al personaje menos complejo y sutil). Más allá de los motivos, le quita algo de riqueza a la interpretación que hubiéramos podido ver. De todos modos, Peter Dinklage es un actor excepcional, y logra representar las frustraciones ebrias de Tyrion de forma exquisita, y Sophie Turner merece crédito por una interpretación cuidadosa que depende mucho de su expresión y la manera en que se contiene a sí misma.

Por otro lado, en Rocadragón, se presenta una escena de desnudez por la desnudez misma para los “pervertidos” del público, con tan poca justificación como la cuota de culos y tetas del episodio anterior. No nos quejamos del desnudo de Daenerys —pues esa escena es una combinación de su fortaleza personal y su interés creciente en el apuesto mercenario que ha venido a traerle regalos—, sino el de Melisandre. Ya hemos dicho que los productores tomaron una decisión inteligente al llevar a Gendry a Rocadragón, al menos en el corto plazo. Sin embargo, es demasiado claro que buscan complacer a cierto segmento del público, puesto que escena hubiera podido tener la misma lógica si hubieran inventado una excusa para que un maestre le sacara sangre a Gendry. Es muy tedioso ver a la serie organizar desfiles de cuerpos desnudos —de mujeres o varones— con ningún otro propósito más que tenerlos en pantalla; si quisiéramos ver eso, miraríamos Spartacus. No es que las novelas carezcan de desnudos, pero generalmente son un detalle secundario y no el motivo mismo de las escenas. Devalúa el buen trabajo de los actores de las escenas de Rocadragón, especialmente la conversación en las celdas entre Stannis y Davos; Stephen Dillane y, especialmente, Liam Cunningham continúan entregando un trabajo excepcional cuando sus personajes debaten sobre dónde debería ser trazada la línea entre cumplir con el deber y hacer lo que es justo.

En las afueras de Yunkai, hay un debate muy diferente cuando Daenerys decide reunirse con los capitanes mercenarios que apoyan a Yunkai, y descubrimos que son tan codiciosos, groseros y listos para matar como… bueno, como Bronn, a decir verdad; es notable lo similares que son las afirmaciones de Mero a las de Bronn en temporadas anteriores. Daenerys presenta motivos por los cuales los Segundos Hijos deberían reconsiderar la idea de pelear por Yunkai, pero los capitanes de la compañía preparan un plan para evitar un enfrentamiento militar directo (que están seguros que perderán, dada la información militar tan detallada que nos dio la serie) a través del asesinato. Pero al final sus planes no se concretan, pues los Segundos Hijos se pasan al bando de Daenerys gracias a la traición de Daario Naharis. Tenemos algunas objeciones con ciertas decisiones relacionadas con el personaje. Nos ha molestado un poco la manera en que él e incluso otros personajes de Essos (¡solo miren a esa prostituta del campamento!) han sido vestidos como si fueran extras de la película Conan de Jason Momoa, o alguna otra película similar con espadas y hechiceros, y la sensación general de que la serie ha decidido reducir la extravagancia del personaje, que en el libro funciona como un contrapeso deliberado a su destreza como guerrero y su actitud despiadada (hemos dicho antes y lo diremos de nuevo:  el Archibald Cunningham de Tim Roth en Rob Roy es un ejemplo muy bueno de un dandy ridículo que también es creíblemente peligroso).

Pero Ed Skrein, a nuestros ojos, presenta muy buen la arrogancia profesada por el personaje. La línea en la que dice que él siempre tiene una elección, debido tan solo a que él es Daario Naharis, es muy impresionante y la manera en que lo dijo estaba tan cargada de certeza que la hacía convincente. El Daario de la serie es menos grandilocuente que el personaje de Martin, pero deja una impresión adecuada… y creemos que es creíble que Daenerys (que debemos recordar que es aún una chica joven, que en este mismo episodio nos recuerda a Drogo e, indirectamente, la ausencia de Drogo o de cualquier otro hombre en su vida) parezca responder inmediatamente a sus sonrisas desafiantes y sus miradas desvergonzadas.

Es llamativo que en ninguna de las escenas de Daenerys estén presentes sus dragones, a diferencia del muy impresionante uso que hizo de ellos el episodio, y de la novela. Pero esta ausencia de los efectos especiales mágicos que le han dado tanta celebridad a la serie es compensada por la escena final, en la que Samwell Tarly y Elí conocen a su “caballero de edad avanzada” (como era llamado ingeniosamente en la sinopsis del episodio). Los pequeños detalles sobre los personajes estuvieron entre lo mejor que los guionistas han escrito en la temporada, cuando aluden a la tendencia de Samwell a usar “palabras elegantes” y a su relación con su cruel padre, aunque el diálogo se ve mejorado por la sensible actuación de John Bradley. Y cuando llega el momento en que Samwell toma una espada para defender a Elí, es un acto de coraje convincente en medio de un momento de desesperación y terror. Los gritos de los cuervos, el crujido del hielo cuando el Caminante Blanco se desintegra, el sonido de la nieve cuando Sam y Elí corren y el aleteo de cientos de alas mientras son perseguidos le dieron un final excelente y enardecedor a uno de los mejores episodios de la temporada.

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