Crítica del episodio 6×09 de Mad Men

Joan+Peggy+Avon

Traducción de la crítica de Alan Sepinwall de “A Tale of Two Cities” (“Historia de dos ciudades”), el noveno episodio de la sexta temporada de Mad Men.

[ADVERTENCIA: SPOILERS A CONTINUACIÓN]

“No tienes idea de lo que está pasando aquí. Este ya no es el mismo negocio” — Pete.

Era el mejor de los tiempos.

Era el peor de los tiempos.

Era la edad en la que Joan le robó Avon a Pete.

Era la edad en que Roger fue golpeado por Danny Siegel.

Era la época del Chevy Vega.

Era la época de Manischewitz y del Desayuno Instantáneo de Carnation.

Era la era de Sterling, Cooper & Partners.

Era la era en la que Jim Cutler dividió a la agencia en demasiadas porciones.

Era la primavera en la que Don y Megan coquetearon otra vez.

Era el invierno en el que Don fumó hashish y cayó en una pileta.

La agencia lo tenía todo por delante, la agencia no tenía nada por delante. Don iba directo al Cielo, a menos que su lectura de La Divina Comedia sugiriera que iba a ir en la dirección opuesta; en una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, solo es aceptable la comparación en grado superlativo.

“Historia de dos ciudades” toma su título de la novela de Dickens, y si bien se lo puede aplicar literalmente —la acción se divide entre las desventuras de Don y Roger en Los Ángeles y las muchas intrigas de la oficina en Nueva York— y también aplicar su famoso comienzo a las muchas perspectivas diferentes sobre la situación de la agencia (y el país), también parece apropiado porque es un libro acerca de una revolución, en un episodio lleno de revoluciones.

El episodio comienza con la cobertura televisiva de la Convención Nacional Demócrata de 1968, un evento que pasó a la historia por los choques entre los manifestantes en contra de la guerra y la policía de Chicago, que Joan, Don y Megan ven horrorizados a lo largo del episodio. Esta fue una revolución fallida: el establishment demócrata no fue influido por los manifestantes, la elección fue ganada por Nixon y la guerra continuó hasta su segundo mandato presidencial.

Hay algunas revueltas más pequeñas en el episodio, y no está claro quién terminará siendo golpeado en la cabeza por el bastón anti-disturbios metafórico, y quién resultará victorioso. Pero es un período de enormes tumultos tanto a escala nacional como local, en el que muchos personajes importantes están completamente fuera de su elemento: Don y Roger entre los hippies de SoCal [Nota de Martín: “SoCal” es una abreviatura de “Southern California”, el sur de California], Joan intenta convertirse en una ejecutiva de cuentas, Jim Cutler intenta lidiar con el personal y las cuentas de SCDP, Bob Benson recibe una posición de responsabilidad (y sigue cayendo de pie gracias a que Cutler necesita que los demás no sepan lo que realmente pasó con Manischewitz) y Pete en una agencia que parece estar en constante caos y transformación, hasta que la única respuesta racional que puede pensar es arrebatarle el porro a Stan y drogarse en la sala de los creativos.

Si bien suelo disfrutar los episodios de viajes de Don Draper (*), la acción más interesante esta semana fue en la tierra natal de la serie. Ni Don ni Roger son los socios más involucrados en la marcha de la agencia (Don entró en una reunión de socios sin tener idea de que dicha reunión estuviera teniendo lugar), pero siguen siendo un contrapeso para la gente de CGC, así como gente que inspira respeto y/o temor a la gente de la SCDP original. Si Don y Roger hubieran estado en la oficina, Peggy habría llevado a Joan a ver a Don, y tal vez el subterfugio de Joan no hubiera sido necesario. Si estuvieran allí, Ginsberg no le gritaría a Cutler, y Cutler no tendría que estar ocupándose de una cuenta de la que Roger ni siquiera se molestó en decirle que iba cayendo en picada; por lo cual, no termina en un estado de ánimo que lo predispone a empezar a conspirar contra la mitad de la agencia perteneciente a SCDP.

* Recuerdo que en uno de esos episodios, “El Jet Set”, de la 2ª temporada, él también se desmayó en una casa californiana con piscina. En esa ocasión, se golpeó la cabeza contra el suelo de concreto del patio, y sus anfitriones le sugirieron que la próxima vez se inclinara hacia la pileta. Puede que Don Draper no haya aprendido mucho en su vida, pero al menos tuvo éxito en eso, aunque fuera accidentalmente. (E intercambió un chichón en la cabeza por un resfriado.)

Ese vacío de poder nos permitió dar vistazos fascinantes a personajes y relaciones que conocemos bien, incluyendo una escena explosiva entre Peggy y Joan donde las dos mujeres discutieron más ferozmente que nunca acerca de su historia en común y sus filosofías laborales opuestas. (Y, como un partidario de que se desarrolle una amistad Peggy/Joan, me sentí aliviado al ver que, incluso cuando Peggy le dijo a Joan que “Yo nunca me acosté con él” —lo que hubiera podido desencadenar otra edad de hielo entre ambas— ella estuvo dispuesta a acudir al rescate de Joan en su reunión con Pete y Ted.) Joan tiene razón cuando dice que siempre ha sido en cierto grado una ejecutiva de cuentas para ambas agencias, y hemos visto abundante evidencia en el pasado de que ella podría hacer el trabajo de cualquier hombre o mujer en ese lugar mejor que ellos si le dieran un poco de tiempo. Pero aún necesita aprender un poco, y hubo muchos momentos incómodos cuando ella intentó dirigir la reunión del cliente con una incrédula Peggy, sin darse cuenta al principio cuando uno no debe interrumpir a la jefa de creativos de la agencia. AL igual que Pete y tantos otros en la agencia, Joan está pisando terreno poco firme —es imprescindible para el manejo de los negocios de la agencia, pero el hecho específico que le permitió convertirse en socia dejó de ser relevante cuando Don despidió a Jaguar— y es fácil entender por qué ella está tan ansiosa por expandir su territorio y no permitir que Ted y Pete la aparten a un lado, como sucedió durante su breve período en el Departamento de Televisión de Sterling Cooper. (Y hay que señalar que Joan no deja de elogiar el trabajo de Harry cuando habla con Andy de Avon; puede que le guarde rencor, pero también sabe cómo hablar con la gente y venderle cosas.)

La ausencia de Don y Roger también nos da nuestro mejor vistazo a Jim Cutler, que sigue compartiendo muchas de las cualidades de Roger Sterling (el sarcasmo ingenioso, antecedentes militares) pero también está comenzando a adquirir su propia personalidad. No sé si Roger hubiera estado tan dispuesto a fomentar la rebelión dentro de la agencia (normalmente tiene que ser incitado por Don u otros), mientras que Jim parecía encantado de aprovechar el hecho de tener la oficina para él solo. Y si bien estoy seguro que Ted ve al nuevo nombre de la agencia como un gesto noble, Jim sin duda piensa que es un premio consuelo: Roger y el irrelevante Bert tienen sus nombres en la puerta, mientras que Jim y Ted (que ahora tiene acceso a un hombre clave de Chevy) tratan de ser los verdaderos líderes de la agencia.

En California, mientras tanto, Don y Roger terminan en medio de varias revoluciones culturales al mismo tiempo. (Como les advierte Harry, “hay un protocolo diferente” en esa parte del país.) No solo los hippies están en ascenso —y Don y Roger parecen más fósiles allí que en su ciudad de origen— sino que también California está en ascenso como un centro de poder cultural y económico. Como Matt Weiner me dijo luego de la 2ª temporada, “parte del cambio que hubo en los ’60 es que el centro va a dejar de estar en Nueva York, y para 1972 Nueva York estará hecha un desastre. Para ese momento, la ciudad estará en decadencia y California estará en ascenso”. En el avión a Los Ángeles, Roger habla de los californianos como si fueran campesinos poco sofisticados, y no está preparado para lo seguros de sí mismos e inflexibles que son los ejecutivos de Carnation. En el avión de regreso —luego de una noche en la que fue golpeador por el pequeño Danny Siegel, a quien Roger siempre ha considerado inferior a él en todo sentido— intenta sentirse mejor insistiendo que lo que ha aprendido es que Nueva York sigue siendo el centro del Universo. Momentos antes, le dice a Don que deje de hablar del pasado, pero Roger está viviendo en él, negándose a ver lo mucho que el presente está cambiando a su alrededor.

En la reunión con Carnation, Roger logra recuperar el control brevemente con su chiste de “lamentamos que su última novia los lastimara”, pero esa reunión (como las demás de ese viaje que no pudimos ver) es al final un fracaso. De manera similar, Bob Benson logra arrancar a Ginsberg de su depresión y llevarlo a la reunión con Manischewitz, pero al final no importa porque sus ejecutivos ya han decidido terminar su relación con la agencia. Después que Peggy rescata a Joan de la ira de Ted con la falsa llamada telefónica de Andy, le advierte: “Por tu bien, espero que llame de verdad”. Si no lo hace, entonces esto será otra revolución fallida y Joan será víctima de más comentarios maliciosos de parte de Harry, Pete y otros acerca de cómo consiguió su posición gracias a su cuerpo.

No es sorprendente que todo sea un lío. Pete siempre ha sido el más capaz de predecir el futuro de los personajes de la serie (la última vez que Nixon se candidateó a presidente, Pete fue el primero en Sterling Cooper en darse cuenta que no iba a ganar), pero ahora las cosas están sucediendo tan rápidamente y tan al azar —es notable su incredulidad cuando Ted declara abruptamente que Pete está ahora a cargo de los nuevos negocios— que siente que está perdiendo el control de aquello en lo que creía tanto, así como Stan y Ginsberg están horrorizados al darse cuenta que los demócratas han rechazado el plan de paz, y Megan no puede creer los horrores de los que su país adoptivo es capaz.

Frente a todo este caos indeseado, violencia y rebelión, ¿podemos culpar a Pete Campbell por querer sentarse en el sofá de la sala de creativos y drogarse? No es lo mejor que haya hecho en su vida, pero quizá la marihuana le de una tranquilidad mucho mejor de la que ha conocido hasta ahora.

Otras reflexiones:

  • Hablando del “mejor de los descansos” de Dickens, Don sigue teniendo la muerte en su mente, pues su fantasía producto del hashish le muestra a una aparición de PFC Dinkins muerto (y con un solo brazo, así como con el encendedor), y también al propio Don flotando en la piscina. Si bien la fantasía fue una de las secuencias menos interesantes —hay una línea muy delgada entre evocar los años ’60 y evocar todos los clisés de la cultura pop sobre los ’60, y gran parte de la fiesta pareció estar en el lado equivocado de la línas—, me gustó el corte abrupto entre Don viéndose a sí mismo en la piscina y un Roger empapado resucitando a Don.
  • La Fuerza Aérea no comenzó a existir tal y como la conocemos ahora hasta 1947, aunque por supuesto sí existían las Fuerzas Aéreas del Ejército de EUA durante la II Guerra Mundial, y también el Cuerpo Aéreo del Ejército. Aún si consideramos a Cutler y Roger como contemporáneos (Harry Hamlin es diez años mayor que John Slattery, pero está bien conservado), ¿tiene sentido cronológicamente que él haya servido después de la II Guerra Mundial? ¿Y si fue parte de alguna de las organizaciones precursora, él se referiría a eso como haber servido en “la Fuerza Aérea”?
  • Roger ha estado presente en diferentes grados en los episodios anteriores dirigidos por John Slattery, pero este pareció ser el más prominente para el personaje mientras su alter ego estaba detrás de la cámara. Un buen trabajo, como siempre, de John Slattery, que siempre muestra tener buena mano con los momentos cómicos (y a menudo termina con episodios en los que Peggy espía a otras personas en la oficina).
  • Matt Weiner, quizá anticipando la reacción de los fans a Bob Benson, hace que Jim Cutler le grite por estar siempre en el piso de abajo con los creativos, y que Ginsberg (que a veces es muy perspicaz y a veces distraído) le pregunte si es gay.
  • El disco que Bob está escuchando para prepararse para la reunión: una versión en audiobook de Cómo me elevé del fracaso al éxito en ventas, del autor de autoayuda Frank Bettger.
  • Debo señalar nuevamente que Danny Strong, quien vuelve a su papel de Danny Siegel, es el único actor de Mad Men que ganó un Emmy desde que la serie está en el aire, aunque fue por su guión para Game Change, de HBO, y no por su actuación aquí o en cualquier otra serie.
  • A través de Roger, Henry y otros personajes a lo largo de los años, hemos estado viendo el cambio en las tendencias del Partido Republicano a lo largo de la década, y el ejecutivo de Carnation nos ofrece más información a decir: “Dutch Reagan es un patriota. Nixon es un oportunista.”
  • Además de “Piece of my Heart” de Janis Joplin en los créditos del final, una canción notable fue “Harper Valley PTA” de Jeannie C. Riley —acerca una revolución más modesta, en la que una madre suburbana denuncia públicamente a todos los hipócritas de su comunidad que la acusan de dar un mal ejemplo a su hija—, que se escucha al principio de la secuencia de la fiesta.
Anuncios
Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: