Crítica del episodio 6×11 de Mad Men

17-mad-men9Traducción de la crítica de Alan Sepinwall de “The Quality of Mercy” (“La virtud de la clemencia”), el episodio 11 de la 6ª temporada de Mad Men.

[ADVERTENCIA: SPOILERS A CONTINUACIÓN]

“Nunca he visto nada así antes” ― Duck.

“Yo sí” ― Pete.

En los primeros días de Mad Men, había misterios: ¿Quién es Dick Whitman? ¿Por qué Peggy está subiendo de peso? ¿Qué pasó con el bebé de Peggy y Pete? La serie tenía mucho más para ofrecer en aquel entonces, además de esas pistas y enigmas, pero esos primeros secretos agregaron una capa de tensión y propulsión narrativa, y algo más para analizar y debatir entre un episodio y otro.

Imagino que para Matt Weiner debe haber sido muy tentadora la posibilidad de iniciar cada temporada después de las primeras dos con la intención de sentar las bases de un nuevo misterio. Nos encanta hacernos preguntas, así que ¿por qué no darnos más posibilidades de intrigarnos? “¿Por qué Joan está usando un parche?” “¿Por qué Roger habla francés todo el tiempo?” “¿Cómo es que Peggy se convirtió una de los Seis de Oceanic?”

En lugar de eso, Weiner reconoció que, después de un tiempo, ese tipo de misterios terminan por perder su poder, y pueden hacer que los primeros misterios parezcan, retroactivamente, trucos de feria. Con personajes tan profundos y un mundo y un período histórico tan ricos, Mad Men al final dejó de necesitar grandes misterios. Cada temporada desembocaba en algún hecho importante —el fin del matrimonio de Don y Betty y la refundación de Sterling Cooper, el compromiso de Don y Megan, el suicidio de Lane y la partida de Peggy de SCDP— sin que fuera necesario darnos pistas y adivinanzas durante toda la temporada. (Aunque en el caso de la muerte de Lane, hubo muchísimos indicios).

La 6ª temporada, sin embargo, ha estado llena de momentos en que la historia se repite a sí misma, y parece apropiado que no solo nos hayan dado otro acertijo este año —¿Quién es Bob Benson?—, sino que la solución es otro eco del pasado de la serie. Bob Benson no es un sociópata. No es el hijo bastardo de Dick Whitman y la prostituta Aimee, ni el hijo viajero en el tiempo de Peggy y Pete. No es un espía trabajando para los soviéticos, para una agencia rival o para un Guy Mckendrick vengativo. Pero tampoco es exactamente quien dice ser.

Bob Benson es Dick Whitman 2.0. Tiene un nombre que evoca deliberadamente el de Don Draper, también creció en una pobreza que lo avergüenza —hasta el punto en que sus ex colegas decían en broma que sus padres eran hermanos— y decidió que la única manera de escapar de sus orígenes turbios sería robarse una nueva vida. Su crimen es de menor escala que el de Don —en vez de robarse la identidad de un muerto, se robó un sacapuntas y una lista de tarjetas de Navidad y luego mintió sobre sus antecedentes— pero él es otra versión del hombre de quien Pete estaba tan desesperado por deshacerse hace ocho años.

Es una solución con la que muchos habían especulado (a grandes rasgos, aunque no tan específicamente), pero se siente apropiada para esta serie, este universo y algunos de los temas de esta temporada. Y si bien el clisé nos señala que la historia se repite a sí misma para aquellos que se rehúsan a aprender de ella, lo interesante sobre “La virtud de la clemencia” —un anteúltimo episodio sobresaliente para la 6ª temporada— es que al menos un personaje parece haber estudiado los errores del pasado, aún si otros personajes siguen cometiendo los mismos errores, mientras que otros simplemente están desesperados por escapar antes que el patrón vuelva a empezar nuevamente.

El hombre que aprendió de su propia historia: Pete Campbell, quien nuevamente descubre que su rival profesional es un cambiapieles escurridizo y apuesto, y que reconoce esta vez que no puede vencerlo.

Ha pasado casi una década desde que Pete delatara a Don ante Bert Cooper, y si bien ha sido incapaz de evolucionar en algunos aspectos —es notable lo desagradable que se comporta en público con su madre y su enfermera, y el hecho de que sigue aferrándose a ese maldito rifle que canjeó por el chip-and-dip—, se ha vuelto más sabio en otros. Probablemente le resultaría más fácil deshacerse de Bob (un ejecutivo de cuentas de bajo nivel que simplemente estuvo en el lugar apropiado y el momento apropiado) que de Don (un creativo estrella, recién designado socio de Sterling Cooper), pero reconoce que no tiene sentido. Como Cooper le dijo a Don la última vez que esto sucedió, “Uno nunca sabe cómo nace la lealtad”. El Pete que sale de la reunión donde intenta infructuosamente que los socios reasignen a Bob es un manojo de nervios, amargado y paranoico; el Pete que sale de la oficina de Bob luego de darle una oportunidad es nuevamente el rey del castillo. Parece una rendición para nosotros, pero un conmocionado Bob Benson siente como que le han devuelto la vida, y eso pone nuevamente a Pete en una posición de poder.

Un piso debajo de Pete, Don es igualmente exitoso a la hora de poner en su lugar a un colega irritante, cuando destruye emocionalmente a Ted al dejar en evidencia su descarado coqueteo con Peggy en la reunión con el ejecutivo de aspirinas St. Joseph. Byron no tiene idea de lo que Don está hablando, pero todos los demás en la oficina lo saben, porque ha sido inconfundible para todos los que han estado cerca de Ted y Peggy en las últimas semanas.(*) Uno podría decir que Don también aprendió de la historia: él estaba igual de distraído, ridículo e imprudente en los primeros días de su matrimonio con Megan (o cuando estaba obsesionado con Sylvia), y quizá ahora puede reconocer ese comportamiento cuando lo ve en otras dos personas. Pero eso parece un motivo menos importante para su conducta que sus celos —emocionales, no románticos— hacia Ted por estar tan cerca de Peggy. Al principio de su día libre con Megan, Don rechaza el intento de Harry de revivir la cuenta de Sunkist; apenas llega a casa luego de encontrarse con Ted y Peggy en la función de El bebé de Rosemary, hace llamadas a California y prepara la primera de varias ofensivas anti-Ted.

* La manera en que la serie maneja tradicionalmente su cronología, en la que cada episodio de la temporada tiene lugar aproximadamente un mes después del anterior (este es a fines de octubre, después de que Jackie Kennedy se casara con Aristóteles Onassis, pero antes de las elecciones), a veces significa que algunos cambios emocionales tienen lugar fuera de las cámaras. El último episodio donde Ted y Peggy aparecían prominentemente, “La mejor mitad”, terminó con él intentando poner una distancia profesional entre ambos. El episodio de la semana pasada sugirió que todavía tenía sentimientos que no podía esconder del todo, pero ellos todavía estaban bastante lejos de actuar como una pareja. No es que no crea que no hayan podido pasar del punto A al punto B en las semanas que pasaron desde que Peggy mató una rata en su departamento, pero hubiera sido interesante verlos evolucionar gradualmente hasta esta situación.

Pero si bien Don es brutalmente efectivo para aplastar el espíritu de Ted, al final del episodio él no es más feliz que al comienzo. Nuestra primera imagen de Don en el episodio es una toma desde arriba de él yaciendo en posición fetal en la cama de Sally, aún emborrachándose debido a lo que su hija presenció en el episodio de la semana pasada. Nuestra última imagen es una toma similar de él en la misma posición en el sofá de su oficina, momentos después que Peggy —quizá la única mujer cuya desaprobación puede herirlo tan profundamente como la de Sally— lo ha llamado un “monstruo”. Cuando Peggy irrumpe para confrontar a Don por la maniobra que realizó, él está tendido cómodamente sobre su espalda; cuando ella se va, él vuelve a ponerse en posición fetal. (Y entre ambas escenas, él imita brevemente —y de manera divertidísima— a un bebé llorando) Destruye emocionalmente a Ted, y por una vez está al mando de una reunión. Pero la claridad con la que ve las cosas gracias a su día libre hace muy poco para resolver el problema esencial: Don Draper es un individuo profundamente egoísta que hace lo necesario para conseguir lo que quiere, y en el proceso aleja continuamente a las personas que más quiere.

Lo que Sally vio la semana pasada no fue tan doloroso físicamente como lo que Ken tuvo que soportar cuando los buenos muchachos de Chevy accidentalmente le dispararon en la cara mientras cazaban, pero ambos hechos han dejado cicatrices, y los hicieron huir. Ken logra librarse exitosamente de una vida de viajar a Detroit, mientras que Sally decide que la única manera de lidiar con dos padres a los que odia es ir a un internado; específicamente, Miss Porter’s (que sigue existiendo hoy), una de cuyas alumnas más famosas fue Jackie Onassis, en la época en que era solamente Jackie Bouvier.

Pero el problema es que escapar de sus problemas es un rasgo que ha heredado de su padre, y hay una sensación de que ser amiga de chicas pesadas como sus dos anfitrionas solamente podría servir para que Sally se parezca a su madre. Betty incluso le ofrece a Sally un cigarrillo en el viaje de regreso desde Connecticut, y cuando ella afirma que Don debe haberle convidado cerveza alguna vez, Sally dice —en un tono tan parecido al de Betty que perturba hasta a la propia Betty— que “Mi padre nunca me ha dado nada”. Sally sigue siendo amiga de Glen Bishop —que ahora es lo bastante fuerte como para trepar a la ventana de un segundo piso y para golpear a su amigo Rolo—, quien es un vínculo con sus tiempos más inocentes en Ossining, pese a que él le proporciona alcohol, marihuana y, al final, una torpe pelea a puñetazos con Rolo. Sally sonríe al verlo, feliz de tener al menos a un hombre mayor en su vida dispuesto a protegerla.

Lo que más me gustó de “La virtud de la clemencia” fue la manera en que su tensión derivaba del misterio y de una narración directa. El descubrimiento de Pete del origen secreto de Bob, y su confrontación en la oficina de Bob estuvieron geniales. Pero también lo fue el ataque de Don a Ted y Peggy en la reunión con St. Joseph —una escena tan tensa que me hizo contener la respiración en varias partes—. La última escena tenía su propio pequeño misterio —”¿Qué va a decirle Don al cliente ahora?”—, pero el objetivo de su maniobra, y el impacto inmediato y devastador estuvo claro desde el principio.

Es genial cuando Weiner (y su plantel, pues los veteranos Andre y María Jacquemetton contribuyeron con este guión) puede intrigarnos durante meses con preguntas sobre lo que está pasando realmente, si los personajes tienen identidades y motivos ocultos. Pero también puede hacer que nos distraigamos en callejones sin salida, como algunas de las teorías más extrañas sobre Bob Benson y ese par de semanas en el que la mitad de los internautas estaban convencidos de que Megan se había convertido en Bruce Willis al final de Sexto Sentido. Mad Men puede darnos misterios, pero algunos de sus mejores y más poderosos momentos no han tenido nada que ver con los secretos y todo con lo bien que conocemos y entendemos a este conjunto fascinante y disfuncional de individuos.

Otras reflexiones:

  • Justo cuando creía que Don Draper como un bebé llorando no podía ser superado como momento más gracioso del episodio, vimos a Joan Harris interpretando a una vecina judía sugiriendo un plato de sopa de pollo. Levanten la mano todos los que querrían ver a Christina Hendrick interpretando a este personaje en sus ratos libres. Puede ser una webseries, una nueva campaña publicitaria de Johnnie Walker, parte de una sitcom o un stand-up donde Hendrick interprete guiones clásicos de The Goldbergs. No me importa cómo, ¡sólo háganlo realidad, productores!
  • No vi si el nuevo logo de SC&P aparecía en el episodio de la semana pasada, pero apareció varias veces de forma prominente en este episodio, tanto en la escena en el lobby en la que Ted y Don hablan sobre la llamada a la sesión de casting, y más tarde cuando Pete entra a la oficina de Bob y lo encuentra escuchando otro disco de autoayuda y bebiendo en una nueva taza de SC&P. La tipografía más redondeada del logo es muy diferente del logo original de Sterling Cooper de principios de los ’60, y parece aún más juvenil que el logo de SCDP. En un falso comunicado de prensa que AMC dio a conocer luego del episodio, Jim Cutler dice que “El logo de la entidad combinada es limpio, visualmente impactante, y hay que admitir que la & es funky”.
  • La semana pasada vimos a Stan con un póster del héroe militar israelí tuerto Moshe Dayan encima de su cama; esta semana, Ken termina con un parche en el ojo. ¿Esto significa que eventualmente la serie se convertirá en un montón de puntos negros similares a la pintura que Roger tenía en su vieja oficina?
  • El pesadillesco anuncio contra el delito de Nixon que Don estaba mirando era parte de una serie de anuncios que su campaña emitió en el ’68 con el slogan “Ahora, vota como si todo tu mundo dependiera de ello”. Algunos eran igual de alarmistas sobre la guerra, los hippies y el estado de las cosas bajo el gobierno demócrata, pero al menos uno intentaba ser esperanzador sobre la juventud estadounidense y lo que Tricky Dick sentía por ellos.
  • Además del anuncio de Nixon y El bebé de Rosemary, también apareció esta semana un episodio de la serie Dragnet (se puede escuchar la voz de Harry Morgan mientras Don ignora la invitación de Megan de ir a la cama) y una película de Los Tres Chiflados.
  • La canción de los créditos del final es “Porpoise Song“, de Los Monkees, más conocida como el tema de Head, su película psicodélica de 1968 (¡coescrita por un joven Jack Nicholson!). Los Monkees, por supuesto, comenzaron como una banda ensamblada, en respuesta a la necesidad de un piloto de TV, antes que sus miembros afirmaran su independencia y pasaran a un territorio más extraño, como con esa película.
  • Imitando a Glen y Rolo, ahora me aseguraré de decir “Nice digs” cuando vea la casa de alguien por primera vez.
Anuncios
Deja un comentario

2 comentarios

  1. Falta la crítica del último episodio

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: