Orange is the New Black

En la última semana he estado viendo al mismo tiempo dos series que no podrían ser más diferentes entre sí: Brideshead Revisited, una miniserie de 1981 basada en la novela de Evelyn Waugh, sobre la que escribiré pronto, y Orange is the New Black, una serie cuya 1ª temporada fue emitida el año pasado y que en 2014 estrenará la 2ª.

La protagonista de la serie es Piper Chapman, una típica treintañera WASP de clase media-alta que está a punto de casarse con su novio y parece tener su vida encaminada, hasta que sorpresivamente es acusada de narcotráfico. Su prometido y su familia descubren que años atrás Piper estuvo en pareja con una narcotraficante y, en una ocasión, transportó una valija con dinero. Cuando su ex novia y otros cómplices son finalmente atrapados por la policía, alguien delata a Piper, y como resultado ella debe cumplir 18 meses de prisión, en una cárcel donde la mayoría de las reas son latinas y negras.

En diciembre del año pasado, un blog del diario El País de España publicó una entrada con siete razones para ver la serie. Por eso voy a limitarme a publicar un extracto:

  1. Saca del oscurantismo los centros de reinserción social, lugares escondidos y olvidados en nuestro acomodado mundo occidental. A diferencia de otras propuestas de ficción, aquí se hace con la dosis justa de dramatismo. Ahora bien, no por utilizar la fórmula de la comedia dejan de explicar (a través de flashbacks, capítulo a capítulo) las razones que han llevado a cada una de las presas a ese improbable espacio de transición.
  2. Orange is the new black no pasa el test de Bechdel, lo dinamita. Las reglas de esta prueba de sexismo en ficción son que haya dos mujeres en pantalla (cuyos personajes tengan nombre), que hablen entre ellas y que la conversación no sea sobre hombres. Los pocos personajes masculinos en OITNB (básicamente los guardas de la prisión y el novio de Piper) son secundarios. Ellas mandan, para bien y para mal. Y dominan las conversaciones.
  3. La historia está basada en hechos reales. Piper Kerman (en la ficción televisiva se llama Piper Chapman y le da vida Taylor Schilling) cumplió 13 meses de condena en 1998 por un delito de drogas. Escribió sus memorias en un libro (el New York Times publicó un avance) y este año han sido llevadas a la pequeña pantalla. La serie cuenta con su colaboración para el desarrollo de guiones.

Pueden leer el resto del artículo acá.

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